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Ruanda vota hoy al sucesor de Paul Kagame

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El jefe de Estado, Paul Kagame, domina la escena política, con su fotografía desplegada en vehículos y enormes carteles distribuidos por toda Kigali, la capital, para las elecciones presidenciales que se celebran hoy en Ruanda.

Su "presencia gráfica" es casi un símbolo del rígido y omnipresente control que el antiguo líder rebelde ejerce sobre este país de África central desde que en 1994 tomó el poder con el Frente Patriótico Ruandés (FPR) y puso fin al genocidio que costó la vida a 800.000 tutsis y hutus moderados.

Primero como vicepresidente y ministro de Defensa y luego como presidente, Kagame ha transformado el país, reconstruyendo sus instituciones, liderando un parlamento de mayoría femenina, cortejando a inversionistas y donantes y transformándose en un referente del renacimiento africano.

Pero para sus detractores, su autocracia, su intolerancia a las críticas y la abierta represión política de su régimen es una receta para el desastre, a menos que pueda orquestar una transferencia pacífica del poder.

"Hemos constatado en toda África que regímenes que llegaron al poder por la fuerza, encuentran muy difícil enmendarse y transformarse en verdaderos demócratas y éste es un caso claro", dijo a Efe Muzong Kodi, analista del comité de expertos de Chatham House de Londres, sucesor del antiguo Instituto Real de Asuntos Internacionales.

Los analistas anticipan en estos comicios una repetición de la victoria con mayoría absoluta que Kagame obtuvo en las presidenciales de 2003 y coinciden en que el "relleno de urnas" y otras irregularidades son improbables debido al actualizado y más transparente código electoral de Ruanda.

Señalan también que Kagame no desea arrasar en las urnas como hizo hace 7 años cuando obtuvo el 95 por ciento de los votos, ya que eso pondrá de manifiesto no sólo la debilidad de sus opositores sino también la falta de opciones democráticas.

Kagame dice que no es su responsabilidad crear una oposición fuerte, pero los defensores de los derechos humanos responden que tampoco ha hecho mucho para alentar el surgimiento de voces críticas.

"Mi trabajo no ha sido crear una oposición", dijo recientemente Kagame, añadiendo, no obstante, que estaba tratando de fomentar "un ambiente en el que pueda emerger una oposición legítima".

Sin embargo, dos periódicos críticos fueron suspendidos y tres nuevos aspirantes presidenciales han sido proscritos de los comicios.

Y el vicepresidente del tercer partido, formado por disidentes del FPR, fue encontrado decapitado a mediados de julio pasado, aunque las autoridades de Kigali han negado tener algo que ver con el suceso.

"¿Podría ser el Gobierno tan estúpido?" de involucrarse en algo así, se preguntó Kagame en una rueda de prensa.

Kagame compite en estos comicios con Damascene Ntawukuliryayo, del Partido Social Democrático (PSD); Prosper Higiro, del Partido Liberal (PL) y Alvera Mukabaramba, del Partido del Progreso y la Concordia (PPC).

Victoire Ingabire, una hutu que lidera las Fuerzas Democráticas Unidas (FDU) y que no pudo registrarse tras ser acusada de "negación del genocidio" y "financiar a una organización terrorista", tilda a los competidores de Kagame de "bufones" del FPR e insta a boicotear las elecciones.

Con la reelección de Kagame casi asegurada, los analistas consideran el año 2017 como un hito más significativo en el horizonte político ruandés, pues para entonces habrá completado los dos mandatos que le permite la Constitución.

Tras pasar 30 años en el exilio y participado en el derrocamiento de tres regímenes dictatoriales -en Uganda, Ruanda y la RDC- es improbable que Kagame, con su ideología militarista, afloje las riendas del poder.

Los observadores subrayan que últimamente Kagame ha desarrollado una agresiva campaña anticorrupción con la que ha reorganizado el Ejército y el Ministerio de Defensa, arrestado a varios altos cargos militares y obligado a otro a huir al exilio en Sudáfrica.

Si bien tales medidas podrían ser justificadas por "el bien del país", los analistas consideran que Kagame corre el riesgo de minar su núcleo de partidarios tutsis y perder su principal base de poder.

Hereward Holland