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Rumanía contra Mussolini

El cineasta Bobby Paunescu defiende en el Festival de Gijón Francesca, filme sobre la inmigración rumana en Italia que sacó de sus casillas a la nieta del Duce

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No han pasado cinco minutos de metraje, y aparece la frase de la discordia: '¿No sabes que la puta de la Mussolini nos quiere a todos muertos?', le increpa un padre a su hija, de nombre Francesca, cuando esta le cuenta que quiere emigrar de Rumanía a Italia. Y sigue: '¿Y ese pedazo de mierda del alcalde de Verona, que declaró la ciudad libre de rumanos? ¿Acaso no ves las noticias?'.

Por estas líneas de diálogo, los pases de la película rumana Francesca fueron cancelados en la pasada Mostra de Venecia. La todopoderosa nietísima de Benito Mussolini, Alessandra, consiguió parar las proyecciones a excepción de la primera por considerar que la película ofendía a su persona. La ultraderechista diputada del partido Il Popolo della Libertà (al que pertenece Berlusconi) también interpuso una demanda para intentar paralizar la distribución del filme en Italia. 'Lo curioso del caso es que lo hizo sin ver tan siquiera la película', cuenta en conversación telefónica desde París el director Bobby Paunescu.

'No va contra una persona en concreto, sino contra el racismo'

Hoy, la película podrá verse, sin ninguna Mussolini que lo impida, en el Festival de Cine de Gijón, que arrancó ayer y en cuya competición oficial figura la ópera prima de Bobby Paunescu, productor de La muerte del señor Lazarescu (2005), de Cristian Puiu, uno de los filmes más célebres de la nueva ola de cine rumano.

Paunescu trae, además, buenas noticias a Gijón: 'Hace apenas una semana, el 12 de noviembre, salimos absueltos de la demanda que nos había puesto Mussolini. La jueza dictó que las líneas de diálogo no son ofensivas en el contexto general de la película', explica el director, que podrá ver cómo su filme se estrena el próximo 27 de noviembre en las principales ciudades italianas. No satisfecha, a los dos días del juicio, la nieta del dictador llamó a la jueza 'idiota' en el Parlamento transalpino. Como si sólo le quedara el recurso al insulto.

'Muestra la crisis de identidad yde valores por la que pasa mi país'

'Tengo que decir que la película no va en contra de ninguna persona, sino de una situación. Es un filme contra el racismo aclara Paunescu, por eso me apetece mucho que se vea en España, donde hay una gran cantidad de emigrantes rumanos', asegura. 'Francesca muestra la crisis de identidad por la que está pasando Rumanía y que sólo se resolverá si hablamos abiertamente de ello'.

El filme, que sigue la estela del realismo crudo que caracteriza a cintas como 4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu, ganadora de la Palma de Oro en Cannes, narra una semana en la vida de Francesca (Monica Birladeanu), una joven cándida e inocente que quiere emigrar a Italia para abrir allí una guardería para hijos de rumanos.

En los días previos a su partida, la mujer lidiará con las mafias rumanas vinculadas a la emigración; con su padre, que se opone a su viaje a Italia; con su madre, que la apoya, o con su novio, que está demasiado enredado en un asunto de deudas que sirve a Paunescu para denunciar la corrupción en Rumanía. 'El otro gran protagonista de la película es el dinero', explica. 'Con el cambio de sistema, el paso de la dictadura en la que vivíamos a la democracia, ha surgido una crisis de valores en el país. Lo único que importa es cuánto dinero tienes, nada más', asume.

'Desde que llegó la democracia, sólo importa cuánto dinero tienes'

Fue un asesinato el que empujó al realizador a escribir Francesca. En 2007, un rumano violó y mató a GiovannaReggiani en Roma. 'Aquel suceso trágico desató la ola xenófoba contra los rumanos en Italia. Fue la época en que Alessandra Mussolini dijo que los rumanos somos genéticamente violadores', recuerda con tristeza. Y añade: 'Pero, además, aquel asesinato no sólo mató a una mujer, sino los sueños de muchos rumanos que buscan tener una vida mejor en otro país. Aquello fue desgraciadamente usado por algunos políticos italianos para ganar las elecciones', apunta el cineasta.

Bobby Paunescu se siente medio italiano. 'He vivido diez años en Milán y me siento tan italiano como rumano. Por eso detesto las generalizaciones de las dos partes'. Para el director, su película es una puerta al diálogo entre los dos países. 'Me gusta pensar que la obra puede funcionar como una terapia entre Italia y Rumanía', admite.

Paunescu es un optimista: 'Lo que está pasando en el cine rumano demuestra que hay una energía nueva en el país. Creo que es comparable al neorrealismo italiano. Es el momento oportuno para intentar cambiar las cosas', zanja.