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Rusia defiende la legitimidad de las elecciones presidenciales, pese a la renuncia de la OSCE

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La renuncia de la OSCE a observar las elecciones presidenciales rusas provocó hoy un choque frontal con Moscú, que asegura que esa decisión no restará legitimidad a los comicios de marzo en los que se dirimirá el sucesor de Vladímir Putin.

"Las elecciones se celebrarán independientemente de que vengan o no los observadores de la OSCE. Su renuncia no puede servir para declarar ilegítimos los comicios presidenciales", aseguró hoy Ígor Borísov, miembro de la Comisión Electoral Central (CEC) de Rusia.

Tanto la Cancillería rusa, como los representantes de la Duma y el Senado y dos de los cuatro candidatos a la Presidencia rusa arremetieron contra la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

"Las acciones de la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos (ODIHR, encargada de evaluar los procesos electorales) son inaceptables", aseguró Mijaíl Kaminin, portavoz del ministerio de Exteriores ruso, citado por las agencias rusas.

Rusia mantiene que, al igual que ocurriera con las elecciones legislativas de diciembre pasado, la OSCE nunca tuvo la intención de supervisar los comicios de marzo.

En diciembre, la ODIHR declinó la invitación a enviar observadores a Rusia aduciendo las múltiples trabas establecidas por la CEC, tanto en cuanto a los plazos como en el número de expertos.

Ahora, a la ODIHR se ha sumado la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, que sí había participado con medio centenar de expertos en las pasadas elecciones, aunque emitió una evaluación electoral negativa al considerar que los comicios a la Duma no habían sido limpios.

"Las limitaciones y las restricciones han sido tantas que no podíamos cumplir nuestro mandato", indicó hoy en Viena Christian Strohal, director de la ODIHR.

En realidad, el conflicto entre Rusia y la OSCE comenzó cuando Rusia estableció en noviembre del pasado año unas estrictas reglas para la observación de las elecciones en su territorio, reduciendo de más de un millar hasta menos de 400 su número y limitando notablemente los plazos de estancia.

La más afectada por las nuevas restricciones fue la ODIHR que vio reducida su cuota de observadores de casi medio millar a apenas 70.

Moscú mantiene que la ODIHR necesita una "reforma radical" e insiste en la necesidad de establecer unos criterios únicos para la observación de unos comicios, aprobados de común acuerdo y sobre una base legal.

En todo caso, la ODIHR insistió durante las últimas semanas en el envío de un grupo de 50 observadores a Rusia en torno al 11 de febrero con el fin de supervisar la campaña electoral y no solo la jornada de votación.

La CEC "cedió" en parte y, tras dos días de consultas, aceptó esta semana que los observadores comenzaran sus labores no el 28 de febrero, como había establecido en un principio, sino el 20 de este mes, pero la ODIHR replicó que aún así era demasiado tarde.

El jefe de la comisión de Exteriores de la Duma, Konstantín Kosachov, aseguró que la oficina de la OSCE buscaba "armar un escándalo".

"Nuestras elecciones no se organizan para la ODIHR, sino para el sistema político ruso. Y esas elecciones transcurrirán en estricto respeto con la legislación rusa y los estándares internacionales comúnmente aceptados", dijo.

En la misma línea, el candidato comunista a la Presidencia, Guennadi Ziugánov, que denunció el fraude en las anteriores elecciones parlamentarias, tachó de "capricho" la decisión de la OSCE.

Por su parte, el líder ultranacionalista y también aspirante al Kremlin por cuarta vez, Vladímir Yirinovski, manifestó que la ausencia de los observadores no influirá en el resultado final de la votación.

"Habrá elecciones y será proclamado un nuevo presidente", que sucederá a Putin, quien debe abandonar el Kremlin ya que la Constitución impide más de dos mandatos presidenciales consecutivos, dijo.

Hace unos días, en una reunión con miembros del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB) el propio Putin proclamó que Rusia no permitiría que "la marcha de la campaña electoral se dicte desde el exterior".

En vísperas de las pasadas elecciones rusas, Putin acusó a Estados Unidos de estar detrás de la renuncia de la ODIHR de enviar a sus observadores para "deslegitimar" la cita con las urnas.

Según una encuesta divulgada hoy por el centro "Opinión Pública", el 82 por ciento de los rusos está convencido de la victoria en las elecciones del viceprimer ministro Dmitri Medvédev, considerado el delfín de Putin.