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Rusia rinde un sentido tributo al autor del "Archipiélago GULAG"

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Estadistas, historiadores y literatos rindieron tributo hoy al escritor ruso y Premio Nobel de Literatura en 1970, Alexander Solzhenitsin, autor del "Archipiélago GULAG" fallecido anoche en Moscú a la edad de 89 años.

El jefe de Estado ruso, Dmitri Medvédev, y el primer ministro, Vladímir Putin, fueron los primeros en presentar sus condolencias a la familia del escritor, a la que también expresaron su pésame los presidentes de Francia, Nicolas Sarkozy, y de EEUU, George W. Bush.

Solzhenitsin falleció poco antes de la pasada medianoche a causa de una insuficiencia cardíaca aguda, explicó a la prensa el hijo del escritor, Stepán.

La viuda, Natalia, señaló que el domingo el escritor trabajó, como siempre, durante todo el día en la edición de su Obra Completa en 30 tomos, y por la noche se sintió mal.

"Quería morir en casa, y murió en casa. Quería morir en verano, y murió en verano. Ha vivido una vida muy difícil, pero muy feliz", dijo Natalia a la emisora de radio "Eco de Moscú".

Añadió que dentro de poco la familia anunciará el lugar y la fecha del entierro de uno de los grandes escritores, ensayistas e historiadores rusos del siglo XX, que el 11 de diciembre próximo hubiera cumplido 90 años.

Solzhenitsin, condecorado en dos ocasiones por su participación en la Segunda Guerra Mundial, fue condenado en febrero de 1945 a ocho años de confinamiento por llamar a Iósif Stalin "el bigotudo" en una carta enviada a un amigo cuando se encontraba en el frente de Prusia Oriental de camino a Berlín.

Alcanzó la fama tras la publicación en 1962 de la novela "Un día en la vida de Iván Denísovich", sobre la vida de los confinados, y en 1970 obtuvo el Premio Nobel de Literatura por "la fuerza moral con la que siguió las tradiciones de la literatura rusa".

En 1974, cuando se publicó en Occidente el primer volumen de "Archipiélago GULAG", para el que entrevistó a 227 antiguos presos de campos de concentración soviéticos, el escritor fue deportado a Alemania Occidental y privado de su ciudadanía.

Tras vivir en Suiza y Estados Unidos y enseñar en la prestigiosa universidad estadounidense de Stanford, Solzhenitsin regresó a Rusia en 1994, tras 27 años de exilio, atravesando todo el país en tren del extremo oriente hasta Moscú.

Aunque trabajaba sin cesar en su archivo y su obra completa, el escritor se sentía mal desde hace tiempo y eludía la vida pública, y el año pasado no pudo acudir al Kremlin para recoger el Premio Estatal, que le llevó a su casa el entonces presidente Putin.

Pero tuvo fuerzas para grabar un mensaje televisivo en el que expresó la esperanza de que su obra, centrada en las represiones políticas en la URSS, quede en la memoria del pueblo ruso y lo ayude a evitar nuevas tragedias históricas.

"Hemos perdido a un gran hombre y gran escritor, cuyos libros cambiaron la mentalidad de millones de personas, que revisaron su actitud hacia el pasado y el presente del país", declaró hoy el ex presidente soviético Mijaíl Gorbachov.

Subrayó que Solzhenitsin "fue uno de los primeros en denunciar la esencia infrahumana del régimen estalinista", y con sus libros y crónicas de los campos de concentración "hizo una aportación inapreciable a la superación del totalitarismo" en la URSS.

Solzhenitsin "abrió los ojos a todos los representantes de la 'inteliguentsiya'", dijo el historiador Roy Medvédev, quien recordó que el escritor ayudaba a los disidentes soviéticos y, en particular, con su campaña de solidaridad consiguió que el KGB liberara de un psiquiátrico a su hermano, Zhaurez Medvédev.

El escritor Daniíl Granin destacó que "solo una persona de la talla de Solzhenitsin podía haber desafiado al régimen soviético y aguantar el golpe", mientras el Defensor del Pueblo ruso, Vladímir Lukin, dijo que con su muerte "para Rusia ha terminado el siglo XX".

La Iglesia Ortodoxa Rusa llamó a Solzhenitsin "ejemplo de libertad y dignidad humana", que "osaba decir la verdad a los poderosos".

El líder comunista ruso, Guennadi Ziugánov, llamó a Solzhenitsin "hombre de gran talento y duro destino", que fue "precursor de los procesos que acabaron con el gran país", la URSS, pero que también resultó "incómodo" para las autoridades de la nueva Rusia.