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Rusia y la OTAN llegan a Bucarest con una larga lista de divergencias

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Rusia y la OTAN llegan a la cumbre de la Alianza que se abre mañana en Bucarest con una larga lista de divergencias, que amenaza con ampliarse aún más si Ucrania y Georgia reciben luz verde para dar comienzo al Plan de Acción para la adhesión.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, que asistirá a la cita de Bucarest en calidad de invitado, ha advertido de que la ampliación de la OTAN hacia el Este es un amenaza directa a la seguridad nacional de su país.

Ucrania es la principal preocupación de Moscú: no sólo porque es el segundo mayor país por población surgido tras la desaparición de la URSS, sino también porque por su territorio pasa el 80 por ciento de sus exportaciones de gas a Europa Occidental y no puede permitirse perder influencia en el vecino país.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció hoy en Kiev el respaldo de Washington a las aspiraciones de ingreso en OTAN de las autoridades ucranianas, planes que, según las encuestas, no comparte la mayoría de la población.

En el Cáucaso, región de intereses estratégicos para Rusia, Georgia también pugna por la incorporación en la OTAN.

Sin embargo, allí Moscú tiene dos cartas importantes que jugar: la regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, cuya "independencias", según la Duma o Cámara de Diputados, podría reconocer y para ello arguye el precedente de Kosovo.

Rusia se niega a reconocer la independencia de Kosovo y considera que Occidente ha cometido un grave error al permitir su declaración unilateral, sin el consentimiento de Serbia, pues ha creado un precedente que repercutirá en la proliferación del separatismo.

En temas de seguridad estratégica las diferencias entre Rusia y el país más importante de la OTAN son aún más importantes: Moscú se opone de manera categórica a los planes de Washington de emplazar elementos de su escudo antimisiles en la República Checa y Polonia.

Estados Unidos insiste en que se trata de un asunto bilateral con cada unos de esos países de Europa del Este, mientras que Moscú, que ve en los planes norteamericanos una amenaza a su seguridad, promueve la creación de un sistema antimisiles colectivo.

En diciembre del año pasado, Rusia suspendió su participación en el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, para hacer frente al acercamiento de la OTAN hacia sus fronteras, firmado en 1990, en tiempos soviéticos, y considerado la piedra angular de la seguridad en el continente.