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La Ruta Quetzal acampa en la fortaleza de Kuélap, a 3.000 metros de altura

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Alida Juliani Sánchez

Los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA acamparon este fin de semana en la fortaleza de Kuélap, importante centro arqueológico peruano situado en la provincia de Luya, que los indígenas "chachapoyas" edificaron a unos 3.000 metros de altura en el año 800 después de Cristo (d.C).

Para llegar hasta la ciudadela prehispánica, descubierta en 1843 por Crisóstomo Nieto, los ruteros tuvieron que ascender alrededor de 15 kilómetros, durante seis horas, por las empinadas laderas de las montañas que dominan la cuenca del río Utcubamba hasta el cerro de la Barreta, donde está enclavada Kuélap.

Aunque la lluvia respetó el recorrido y las nubes evitaron que el sol calentara con fuerza, el ascenso resultó muy duro en algunos tramos para los expedicionarios, que tuvieron que enfrentar, entre otras dificultades, el mal de altura o 'soroche', después de una semana recorriendo la costa norte peruana.

El cambio brusco de altitud se sumó a las largas noches de acampada y a las enfermedades estomacales propias de la adaptación al nuevo clima, mermando las fuerzas de algunos ruteros que se vieron obligados a regresar a la localidad de Tingo, punto de inicio de la caminata.

Pero la mayoría de ellos, divididos en tres grupos -"Quetzales", "Águilas" y "Jaguares"-, logró alcanzar la impresionante fortaleza, centro administrativo, ceremonial y defensivo de los pueblos chacha hasta la dominación inca en 1470.

Al pie de la muralla de 20 metros de alto y 580 de largo que rodea Kuélap, los chicos y chicas de la Ruta Quetzal levantaron su campamento.

La ciudad prehispánica se extiende por una superficie de 6 hectáreas y alberga en su interior 420 construcciones, casi todas circulares, así como templos y otros recintos.

En su interior se han encontrado más de 100 entierros humanos, que fueron exhumados de otros lugares y vueltos a enterrar dentro de la muralla.

En el exterior, una multitud de lugareños, llegados a pie o a caballo, esperaban con expectación la visita de los 220 jóvenes de 53 países que integran la expedición de la Ruta este año.

Para ayudarles a reponer fuerzas habían cocinado para ellos varios platos elaborados con productos típicos de la zona, como la yuca, el cuy -un roedor cuyo sabor es parecido al del conejo-, o el juanes, cocinado con arroz, gallina y huevo, entre otros ingredientes, que se envuelven en hojas de plátano.

Además de la suculenta comida, que los expedicionarios acompañaron con "chicha morada" -bebida de maíz fermentado-, las autoridades locales agasajaron a los ruteros con bailes típicos regionales y música popular.

Un grupo de músicos acompañó a los danzantes, ataviados con trajes de vistosos colores, que formaron círculos y animaron a los jóvenes a olvidar el esfuerzo del ascenso hasta Kuélap y a moverse al compás de los ritmos andinos.

La lluvia respetó el almuerzo y los momentos de celebración, pero comenzó a descargar con fuerza sobre la fortaleza poco después, tal y como habían augurado los lugareños.

La temperatura descendió a medida que el sol desaparecía entre las montañas y los ruteros tuvieron que refugiarse en sus tiendas.

El brusco cambio de tiempo obligó, además, a retrasar la visita de los expedicionarios a la ciudadela, en cuyo interior el equipo de arqueólogos dirigido por el profesor Manuel Malaver Pizarro trabaja para sacar a la luz la historia de los grupos humanos que poblaron el territorio Chachapoya.

Hoy, el arqueólogo explicará esos trabajos a los jóvenes de la Ruta Quetzal, que recorrerán de nuevo después los 15 kilómetros de montaña que les separa de la localidad de Tingo.

Desde allí, la expedición emprenderá este lunes una nueva caminata por la región amazónica hasta la Catarata de Gocta, la tercera más alta del mundo con 771 metros de altura, descubierta hace tan sólo cinco años por el alemán Stefan Ziemendorff.

Los datos de que actualmente se dispone la sitúan por detrás del Salto Ángel (979 metros), en Venezuela, y de los Tugela Falls (948 metros) de Sudáfrica.