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Los 'salones' o el Watergate del 'Post'

La organización de cenas del diario con altos funcionarios a cambio de dinero revela los lazos del poder con los medios

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Viste la información de Politico sobre The Washing-ton Post?' escribió vía email un conocido editor de Internet desde Miami a este cronista. 'Les han desbaratado unas cenas absurdas que habían organizado en la casa de la propietaria Katharine Weymouth ¡cobrando!', añadió. Lo de las cenas es cierto, pero no lo es que fueran absurdas como dice el editor en su mensaje tan indulgente.

Politico, así, sin acento, es una publicación digital seria que destapa las relaciones incestuosas entre políticos y grupos empresariales que persiguen la aprobación de determinadas leyes que les son favorables en el Congreso. También complementa su edición digital con una versión en papel que se edita varios días por semana y que se distribuye en algunos puntos de Washington.

El tema estrella estos días en las dos cámaras del Congreso de EEUU es el proyecto de sanidad pública de la Administración de Barack Obama. Según ha revelado la citada publicación digital, The Washington Post envió una invitación a un lobista de sanidad pública (un hombre que intenta persuadir sobre las bondades de cierto proyecto) para que participara en una cena en casa de Katharine Weymouth, la actual propietaria del Post.

Katharine II, mira por dónde, es nieta de la célebre Katharine Graham, que, como propietaria de The Washington Post, dio en 1972 la luz verde para que el director Ben Bradlee apoyara la investigación del escándalo del Watergate impulsada por los reporteros Bob Woodward y Carl Berstein, una historia que tumbó al entonces presidente Richard Nixon.

Esta invitación para el salón, como le llamaban en la carta-anuncio, se celebraría el 21 de julio próximo y formaba parte de 11 encuentros este año, cada uno para dos personas. En total, el periódico tenía previsto obtener 250.000 dólares (180.000 euros). Es decir: cada salón salía a 25.000 dólares (18.000 euros).

'Traiga a su consejero delegado o director ejecutivo literalmente a la mesa. Participe en un intercambio con líderes claves de la Administración de Obama y del Congreso. ¿Reconfortante? Sí. ¿Confrontacional? No'. La invitación ofrecía 'la oportunidad exclusiva de participar en el debate de reforma de la sanidad entre los escogidos que realmente van a conseguirlo Se trata [los salones] de una extensión de la marca The Washington Post de periodismo de investigación sobre los asuntos, una oportunidad única para los que apuestan para escuchar y ser escuchados'.

La cena, por supuesto, una velada de 'conversación off the record'. 'Reunir a estas personas poderosas del negocio [de la sanidad] y en la aprobación de políticas que están anticipándose, legislando e informando sobre los temas, los salones del Washington Post aportan vida al debate. Suscríbase a los salones del Washington Post para estar en el eje de negocios y política'.

Al destaparse esta historia en Político, Katharine Weymouth descargó la responsabilidad en el responsable de marketing, Charles Pelton, y suspendió el primer salón previsto para el 21 de julio próximo. El pasado domingo, día 5 de julio, Weymouth se disculpó ante sus lectores en The Washington Post y admitió que los 'salones sugerían que nos estábamos vendiendo como intermediarios al poder en Washington a través de cenas que debían tener lugar en mi casa'. Con todo, Pelton ha declarado que no ha sido un proyecto independiente de su departamento. 'Ha sido muy bien desarrollado con la redacción del diario', enfatizó.

Que en el 'eje' de la política norteamericana, para retomar la expresión del anuncio de los salones de The Washing-ton Post, está el hecho de que el poder y los medios de comunicación se han convertido en familiares e incestuosos compañeros de cama, quedó en evidencia durante la campaña de propaganda sobre las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein que condujo, después del engaño masivo de la opinión pública norteamericana, a la guerra de Irak, en marzo de 2003.

Pero los salones del Washing-ton Post, ahora abortados, eran un salto adelante en una época de crisis económica. Mientras se lanzaban los salones, el pasado junio, Katharine Weymouth explicaba que la tarea del periódico consistía en 'afligir a los que tienen una vida confortable y confortar a los afligidos'.