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Sangre de tu sangre

Arnaud Desplechin, el nuevo Truffaut, borda una tragicomedia familiar sobre un trasplante de médula

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Sucedió la pasada Nochebuena: 'Una mujer mata a su padre con un rifle de caza tras una discusión'. Sí, algunos clanes se reúnen en Navidad tras varios meses sin verse, beben más de la cuenta y pasa lo que pasa. En casa de los Vuillard, la prole imaginaria que protagoniza Un cuento de Navidad, filme de Arnaud Desplechin (Roubaix, 1960) que se estrena el viernes, también cuecen habas.

Dos hermanos, Elizabeth y Henri, no se dirigen la palabra: Elizabeth vetó hace años a Henri de cualquier sarao familiar. Ahora, por primera vez en mucho tiempo, cenarán todos juntos. Para colmo, la sangre de la madre, Junon, interpretada por Catherine Deneuve, está contaminada: tiene la misma enfermedad que acabó con uno de sus hijos, el pequeño Joseph, cuando tenía 7 años. Junon necesita ahora un trasplante de médula ósea de algún miembro de su alborotada parentela.

¿Qué puede evitar que los Vuillard se saquen los ojos cuando se sientan a la mesa? 'Su sentido del humor', aclara Desplechin. Y también que Cuento de Navidad sea... un cuento. 'Es una fábula con moraleja. Los personajes pasan una noche mágica, como en El sueño de una noche de verano, con fuegos artificiales, en un ambiente encantador, aunque a la mañana siguiente despiertan y se preguntan: ¿Qué ha ocurrido aquí?'.

Lo que ocurre, entre otras cosas, es que Elizabeth y Henri siguen odiándose hasta los tuétanos, un sentimiento que complica el trasplante de médula de su madre.

'Un trasplante de tuétano puede desencadenar trastornos mentales en el donante, en el receptor y ¡hasta en el entorno familiar! La película parte de esta cuestión: ¿Cómo puede un trasplante provocar estos desórdenes psiquiátricos?', asegura Desplechin, que comenzó a escribir el filme tras leer La Greffe, un ensayo del psicoanalista francés Jacques Ascher sobre la, llamémosla, psicosis del tuétano.

'Es imposible predecir qué miembro del eslabón familiar puede tener un brote psicótico. ¿El donante? ¿El receptor? El proceso está supervisado desde el principio por un psiquiatra', cuenta.

El otro texto que inspiró a Desplechin salió de la pluma del poeta y filósofo norteamericano Ralph Waldo Emerson. 'Cuando el padre de los Vuillard, Joseph, visita años después la tumba de su hijo, dice que no siente ninguna tristeza. Esta escena está inspirada en Emerson. Tras morir su hijo de 7 años de escarlatina, Emerson escribió un ensayo repleto de extrañas frases filosóficas. El dolor no tiene nada que enseñarme, anotó. Era su intento de transformar la muerte en ficción para combatir el dolor. De algún modo, la familia es también una especie de maquinaria para combatir el dolor', dice.

En este caso, la máquinaria de los Vuillard se alimenta de la relación de unos padres que 'se aman a pesar de las enfermedades y los malentendidos. Es una verdadera pareja de cine clásico. Están demasiado atareados amándose como para preocuparse excesivamente por las trifulcas de sus hijos', cuenta sobre un matrimonio que combina con elegancia amor y humor.

'Hay una inversión de los roles tradicionales. El padre ejerce de madre y la madre, de padre. El padre es bondadoso. La madre es el rey. Uno de los hijos acusa al padre de no mojarse y parecer ruso. Sí, el padre es muy chejoviano. El problema es que algunos de sus hijos parecen personajes de Dostoievski. Chéjov y Dostoievski, una combinación familiar explosiva', concluye partiéndose de risa.

FESTIVAL DE CANNES

Mayo de 2008. La clase, de Lauren Cantet, da a Francia su primera Palma de Oro en más de 20 años tras batir a cineastas como Clint Eastwood o Steven Soderbergh, y a títulos como Gomorra, Il Divo o Vals con Bashir. La competencia fue tan dura como justa la decisión. Y no sólo por la calidad de La clase: también era un reconocimiento al alto nivel de los filmes franceses a competición, con títulos como Cuento de Navidad y La Frontière de laube, de Phillipe Garrel.

Cómicos e intelectuales

Los filmes nacionales obtuvieron un histórico 45% de cuota de pantalla en Francia en 2008, superando así al todopoderoso Hollywood gracias en parte al espectacular tirón de Bienvenidos al norte. Sí, el filme de Dany Boon era una comedia ligerísima, lejos de la gravedad intelectual de Cantet o Desplechin, pero ambas tendencias están interrelacionadas.

La financiación

El filme rico financia al filme pobre en Francia. Entre otras muchas medidas de ayuda, las películas franceses se benefician, de un impuesto de un 11% por entrada vendida en los cines. Es decir, que el público masivo de Boon financia al cine de autor de Desplechin. O dicho de otro modo: el público de Eddie Murphie o Sylvester Stallone también financia las tragicomedias familiares de Desplechin.