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Sao Paulo: salir a patrullar para conocer a los vecinos

"Mi vecino está vigilando" es el modo que tienen en esta ciudad para escapar de las altas tasas de criminalidad

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'Mi vecino está vigilando' (en portugués, Meu vizinho está de olho). Así rezan las placas que lucen un centenar de casas del barrio de Vila Romana, en Lapa, al oeste de la ciudad de São Paulo. Es el modo que ha encontrado esta comunidad de escapar a las altas tasas de criminalidad de una metrópoli que es considerada poco o nada segura por el 87% de sus habitantes, según una investigación del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope).

En Vila Romana han encontrado una manera simple pero eficaz de acabar con los robos a sus domicilios: protegerse los unos a los otros. Los más veteranos recuerdan que no se sentían tan inseguros cuando, en otro tiempo, había lazos de amistad en el vecindario. Hoy nadie conoce a nadie. Tal vez recuperar la amistad sea la mejor forma de protegerse.

Llegaron a esta conclusión, cuenta el diario brasileño O Estado de São Paulo, después de un sonado robo ocurrido hace tres meses. Una casa fue desvalijada a plena luz del día. Los vecinos contemplaron impasibles cómo unos desconocidos cargaban en su vehículo televisiones, reproductores de DVD y otros electrodomésticos. Pensaban que las víctimas, nadie les conocía, estaban de mudanza.

Fue entonces cuando los vecinos resolvieron tomar cartas en el asunto. El comerciante Marcelo Caselato sugirió la idea de las placas, que consideró un modo pacífico de ahuyentar discretamente a los ladrones. Y así comenzó la movilización: hoy, casi un centenar de vecinos han colocado una en la fachada de sus casas y participa en frecuentes reuniones.

Desde entonces, cuando un vecino observa algún movimiento extraño, da la voz de alarma. La Policía Militar apoya la iniciativa, incluso cree que debería extenderse a otros barrios, pero recuerda que la vigilancia de los ciudadanos no puede sustituir a la acción policial. Los moradores lo saben, y reconocen que todavía es necesaria una preparación para que, por ejemplo, todos sepan que deben limitarse a llamar a la policía si observan algo sospechoso, o para que cualquier falsa alarma no acabe creando un sentimiento de pánico.

De momento, en Vila Romana se respira un ambiente más amigable. Y los vecinos aseguran que sus patrullas ya han surtido efecto. Hace un mes, relata O Estado de São Paulo, Miriam Camas, ama de casa de 48 años, observó cómo unos hombres intentaban abrir la puerta de la casa, a plena luz del día. Aquellos desconocidos le resultaron extraños, así que Miriam corrió a su casa y llamó a una vecina. Los presuntos ladrones huyeron.

Es todavía pronto para evaluar los resultados de esta iniciativa. Pero en una ciudad de 20 millones de almas, donde el 20% declara haber sido víctima de un atraco y el 50% conoce a alguien a quien le sucedió, podría ayudar. Los paulistanos cierran las ventanas de los coches y aseguran sus puertas cuando paran en un semáforo. Existe incluso una ley que autoriza a pasar los semáforos en rojo para evitar el peligro de ser asaltados. ¿Y si la solución pasase por acabar con el anonimato y la deshumanización de la gran ciudad?