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Sarkozy advierte de que el plan europeo "es la única vía posible"

El presidente francés deja claro que la "solidaridad" no tendrá lugar si Grecia no realiza "los esfuerzos necesarios"

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'Es legítimo dar la palabra al pueblo', pero el plan de rescate financiero de la eurozona para Grecia 'es la única vía posible para resolver el problema de la deuda' del país heleno. Sarkozy ha pronunciado estas palabras en una breve declaración en la sede de la Presidencia francesa, tras la reunión interministerial convocada para analizar la decisión del primer ministro griego, Yorgos Papandréu, de someter a referéndum ese acuerdo, lo que pilló anoche por sorpresa al resto de Europa y a los mercados, que hoy han reaccionado con grandes pérdidas.

'El anuncio ha sorprendido a toda Europa', ha dicho el jefe del Estado francés, que ha dejado claro que 'la solidaridad de todos los países de la zona euro no podría llevarse a cabo sin que cada uno haga los esfuerzos necesarios'.

Por ello ha recalcado que tanto él como la canciller alemana, Angela Merkel, han tomado la iniciativa de reunir mañana al conjunto de instituciones europeas y al Fondo Monetario Internacional para examinar junto con las autoridades griegas 'las condiciones por las cuales los compromisos adoptados se cumplirán'.

La reunión gubernamental de esta tarde en el Elíseo ha contado con la participación del primer ministro, François Fillon; del ministro de Economía, François Baroin; del de Exteriores, Alain Juppé; de la responsable de Presupuesto y portavoz del Ejecutivo, Valérie Pécresse, del secretario de Estado de Asuntos Europeos, Jean Leonetti, y del gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer.

Previamente, Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, mantuvieron una conversación telefónica, en la que ambos mandatarios dijeron estar 'decididos' a hacer cumplir dicho plan para Grecia, y expresaron su deseo de que se establezca una hoja de ruta lo antes posible para ponerlo en marcha.

En el acuerdo logrado en Bruselas se condona el 50% de la deuda griega y se otorga a Atenas un préstamo de 130.000 millones de euros, mientras que Grecia se compromete a seguir aplicando una rotunda política de ahorro, con privatizaciones, supresión de empleos públicos, rebajas salariales y recortes de gasto.