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Sarkozy, testigo de la mayor protesta desde que llegó al Elíseo

Los sindicatos logran sacar a la calle a tres millones de manifestantes contrarios a la política del presidente galo frente a la crisis

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La protesta contra la política económica de Nicolas Sarkozy creció en Francia y cobró la forma de una marea humana impresionante, reconocida por la Policía y marcada por fuertes señales de sentido del humor, alegría y sarcasmo contra el presidente. El paro en el sector público tuvo menos eco del esperado, pero aún así la movilización ciudadana no hace sino ganar adeptos en las calles francesas.

Como suele ser costumbre, la guerra de cifras entre la Administración y los sindicatos ha hecho, de momento, muy difícil estimar el número real exacto de manifestantes, que oscila entre 1,2 y tres millones de personas, en casi 230 manifestaciones en todo el país.

Pero de ambas fuentes opuestas salía una coincidencia irrefutable: el número de manifestantes ha crecido en proporciones considerables desde la precedente jornada de huelga, el 29 de enero pasado, señal del respaldo de la opinión a la plataforma sindical conjunta, la primera desde 1966 y alternativa a la política económica de Sarkozy.

Bernard Thibault, líder del sindicato CGT, estimó que la participación en las manifestaciones había crecido 'entre un 20% y un 30%' respecto a las marchas, ya masivas, del 29 de enero, convocadas también contra los planes anticrisis de Sarkozy, juzgados favorables a las clases altas y severos con las clases populares.

Indirectamente, la Prefectura de Policía de París confirmó esa subida con los datos que proporcionó de la manifestación parisiense: los agentes dijeron haber contabilizado 85.000 manifestantes, allí mismo donde, el pasado 29 de enero, dijeron haber visto sólo a 65.000. La cifra real del cortejo en la capital, que llenó a reventar los boulevares entre la Plaza de la República y la Plaza de la Nación, parece estar más cerca de los 350.000 manifestantes anunciados por la CGT, que de los 85.000 vistos por los agentes.

El paro convocado unitariamente por las ocho centrales sindicales del país tuvo menos eco de lo esperado en el sector público y en los transportes. En los trenes y en los metros, sólo uno de cada dos convoyes, como promedio, fue anulado. En todos los sectores de la enseñanza hubo algo menos de cierres de establecimientos que el 29 de enero.

Los funcionarios y asalariados de estos sectores, muy solicitados en las jornadas de movilización desde septiembre pasado, mostraron algo de cansancio. Para los profesores, por ejemplo, éste podría haber sido el cuarto día sin salario a causa de una huelga.

La decisión de no parar demasiados metros y trenes regionales revestía también, para los sindicatos, un carácter estratégico: no provocar una vez más el divorcio entre el sector público en huelga y los empleados del privado atrapados, y facilitar además la llegada a los cortejos de los manifestantes. Esa doble apuesta parecía ganada.

Imposible reducir el impresionante cortejo arcoiris parisiense a una guerra de cifras. En un bonito día primaveral, en medio de efluvios de cerveza, vino y bocadillos de salchichas merguez carburante tradicional de las manifestaciones en Francia los manifestantes lucieron en todo momento un sentido del humor sin fallas en su combate contra la austeridad económica que Sarkozy quiere imponer a los asalariados.

Jóvenes de la asociación Jueves Negro, que militan por su derecho a la vivienda, escalaron la inmensa estatua de la Plaza de la República para colgar una pancarta, que hizo reír a mucha abuela, protestando contra las pensiones de miseria: 'Sarkozy: tú sólo pones cachondos a fachas y proxenetas'. Una alusión al intento de Sarkozy de aparecer como un galán y a su propensión a refugiarse en temas policiales para no abordar cuestiones sociales.

De la jornada quedará que es el primer encuentro con éxito entre jóvenes neorebeldes, movimiento creciente en Francia, y manifestantes clásicos encuadrados por sus sindicatos. Cosa que sienta las bases para una movilización larga, al filo de una primavera que se anuncia caliente. Aunque también podría dar a Nicolas Sarkozy la idea de seguir haciendo oídos sordos.