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Los secretos clausuran a lo grande la gira "Gracias por elegirme"

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Tenían todas las papeletas para abandonar el negocio antes que nadie, pero Los Secretos han resistido los crueles golpes del destino para alcanzar una madurez musical que esta noche, ante 12.000 espectadores, ha inundado de emoción el Palacio de los Deportes de Madrid.

La despedida, aunque sea temporal, siempre resulta un momento distinto, más intenso, y bien que lo entendieron Los Secretos al afrontar el espectáculo que, en el recinto capitalino, echaba el cierre a la gira "Gracias por elegirme".

Durante más de dos horas, Los Secretos desgranaron un repertorio que abarcó de manera exhaustiva sus más de treinta años de carrera, imbuyendo el pabellón de una atmósfera ochentera que comenzó a tomar cuerpo desde la misma aparición de los teloneros.

Banda hermanada a Los Secretos desde los tiempos en que ambas surcaban la Nueva Ola, Mamá actuaron, tras los madrileños 84, para ofrecer un ejercicio en el que se entremezclaron la nostalgia de sus temas clásicos y las novedades de "La mejor canción", su álbum de regreso al panorama musical.

El público ya se había desperezado y, con el pabellón a reventar, una cuenta atrás anunció la inminente salida de Los Secretos, que dejaron atrás las bambalinas y ocuparon el escenario envueltos por una vibrante ovación.

Las primeras notas de "A tu lado" dieron el pistoletazo de salida a un recital que continuó con "Margarita", "No me imagino", "Colgado" y "El hotel del amor", un tema que Los Secretos no interpretaban "desde hace 12 años", según afirmó el guitarrista y cantante Álvaro Urquijo. El respetable, que hasta entonces se había dedicado más a charlar con el vecino que a escuchar a los músicos, terminó de implicarse cuando sonaron los acordes de "La calle del olvido", una ranchera vivamente coreada.

Salpicada de luctuosas anécdotas, la historia de la música debería reconocer un capítulo entero a Los Secretos, un grupo que supo sobreponerse a los trágicos fallecimientos de hasta tres de sus miembros: José Enrique Cano, "Canito", Pedro Díaz y, sobre todo, Enrique Urquijo.

"Tocar esta canción nos infunde un gran respeto", aseveró Álvaro Urquijo antes de atacar "Hoy la vi", el último legado musical que compuso su hermano Enrique antes de su muerte, hace ahora diez años.

"No me digas que no" y "Ojos de gata" preludiaron uno de los momentos más intensos de la velada, cuando Los Secretos se hicieron acompañar de una orquesta con la que tributaron un sentido homenaje a su difunto líder.

Caracterizada por melodías más tranquilas y sosegadas, la primera hora del concierto quedó atrás y llegó el turno del rock, que al ritmo de "Buena chica" y "Amiga mala suerte" levantó de sus asientos al gentío congregado.

Se saboreaba la fiesta y las ganas de diversión, como demostraron los asistentes al solicitar unas palabras del siempre reservado Ramón Arroyo, que, conciso, deseó "buenas noches" a todos los presentes.

Un toque de country a cargo de "El primer cruce" enlazó con el rock alegre de "Sobre un vídeo mojado", una pieza de Kano y los Bulldogs que Los Secretos hicieron suya hace ya muchos años.

Se acercaba el final de la actuación y los graderíos se vinieron abajo con "Ojos de perdida", la primera pieza compuesta por Enrique Urquijo, y "Déjame", el himno que se ha convertido en seña de identidad de este grupo clave en la historia del pop español.