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Uno de los secuestrados en Egipto narra la huida apelotonados en un coche por el desierto

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Un guía egipcio que fue secuestrado durante diez días junto a otros 18 rehenes en el desierto del Sahara narró hoy a Efe el abandono por parte de sus captores en la mitad de la nada y la huida de los mismos.

El guía turístico Ahmad Abdel Menaem conserva fresco el recuerdo de las últimas 48 horas en las que él y sus compañeros -once turistas europeos y ocho ciudadanos egipcios- han pasado de ser rehenes a recuperar su libertad tras su rapto el pasado 19 de septiembre en Gilf al Kabir, una zona remota del suroeste de Egipto.

"Anteayer, un grupo de los secuestradores salió de guardia por la noche, cerca de la frontera sudanesa, y nos dijeron que hubo un tiroteo con la guardia fronteriza de Sudán", contó Menaem en una entrevista telefónica.

"Hubo mucho jaleo y tensión, nosotros pensábamos que nos iban a matar a balazos", explicó el guía, que fue secuestrado durante una excursión por el desierto junto a cinco turistas alemanes, cinco italianos, un rumano y siete compatriotas suyos.

Sin embargo, los raptores en vez de matarlos salieron huyendo en tres coches de los rehenes, a quienes les ordenaron que se marcharan, aparte de cederles un vehículo con GPS.

"Como nos dejaron sólo un coche pusimos la comida, la bebida y las maletas arriba (en la baca) -siguió Menaem-. Cuatro de los egipcios iban encima de todo eso, y los otros quince miembros del grupo iban dentro del coche, porque no queríamos dejar a nadie allí y buscamos una manera de que todos cupieran".

El guía señaló que durante su periplo de huida por el desierto emplearon el GPS para dirigirse hacia Egipto: "Viajamos alrededor de 200 kilómetros, pasamos una noche entera viajando hasta que a las diez de la mañana del día siguiente encontramos un campamento del Ejército egipcio en la frontera."

"Las autoridades egipcias nos contaron que nos estaban buscando por toda la región y que habían estado en el lugar de donde procedíamos", indica el ex secuestrado.

Las contradicciones y la ambigüedad oficial han marcado los diez días de un secuestro que, según la versión de los responsables egipcios y sudaneses, se ha saldado sin pagar un rescate y gracias a una operación de seguridad.

Los secuestradores "querían cobrar al principio seis millones de dólares, después lo bajaron a cinco y al final quedaron con los negociadores en cobrar dos millones de dólares", apuntó Menaem.

Sin embargo, no aclaró si al final se pagó o no el rescate.

"Parece que después de los combates entre los captores y las fuerzas sudanesas en los que murieron varios de los secuestradores, el resto tenía miedo de correr el mismo riesgo, por lo que nos dejaron y se fueron, especialmente porque aparentemente uno de los secuestradores muertos eran su líder", dijo Menaem.

En el momento de la liberación, uno de los raptores les dijo que habían matado a algunos de ellos, aunque les tranquilizó asegurándoles que no tenían intención de hacerles daño.

En cuanto a sus secuestradores, Menaem aclaró que eran unos 40, "hablaban un idioma raro, eran negros y con nosotros hablaban pocas palabras en árabe y con acento, lo único que nos decían era que bajáramos o subiéramos del coche o que querían dinero".

Al principio, cuando fueron capturados, los secuestradores pasaron dos días sin dirigirles la palabra.

"Nosotros pensábamos que querían dinero y ya está, pero después de dos días empezaron a hablar de un rescate, y comenzaron las negociaciones con las embajadas", añadió.

El guía agregó que el grupo pensaba que la negociación iba a ser corta. "Pensábamos que iban a tardar menos tiempo, pero tardaron mucho. Nosotros, los egipcios les dijimos a los secuestradores que no pensaran que iban a cobrar un rescate", señaló.

Menaem afirmó desconocer el sitio donde han estado durante todo este tiempo, a pesar de que las informaciones de los últimos días les han situado en Egipto, Libia, Sudán e incluso en Chad.

Y dijo que aguantaron los diez días en mitad del desierto gracias a las provisiones de comida y bebida que llevaban para la excursión, aunque al final sólo les quedaron dos tanques de agua.

Además, los captores "se quedaron con todo el dinero que teníamos los egipcios y extranjeros y con todos los equipos tecnológicos -cámaras, teléfonos y GPS-", explicó Menaem.