Publicado: 11.11.2014 11:57 |Actualizado: 11.11.2014 11:57

La semilla de Podemos, las Mareas y la PAH

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La película empieza, sin querer, el día 15 de mayo de 2011. Cecilia Barriga era una activista más que protestaba por sus derechos en la Puerta del Sol y que no se marchó del lugar hasta que se desmanteló el campamento de la plaza madrileña. La directora de Tres instantes, un grito estuvo también en otros dos epicentros de indignación ciudadana: Nueva York y su Occupy Wall Street y Santiago de Chile, con el toma Toma el Colegio. Tres momentos y tres lugares geográficamente alejados, con sus circunstancias particulares, pero con un denominador común: una ciudadanía indignada y harta que de forma espontánea se une con el objetivo de cambiar las reglas de una sociedad injusta, devorada por el capitalismo. "Empecé a filmar como cualquier indignada más y ya nunca paré"

De algún modo, fue el devenir de los hechos el que fue marcando el guión a escribir. "Tiene una carácter azaroso como lo tuvo el propio 15-M. Empecé a filmar como cualquier indignada más. Nunca paré, me quedé maravillada. Era un momento histórico", recuerda Barriga, que siempre viaja con su cámara. En aquel momento nadie sabía cuál iba a ser la deriva de todos aquellos acontecimientos. Cada minuto era más importante que el anterior. La indignación tenía un carácter local pero también global. Por aquel entonces ya se conocían incipientes movimientos de resistencia en Chile, llegaban noticias de Grecia, los países árabes... Existía una conciencia global del fenómeno.


El sentimiento era común pero había diferencias notables entre, por ejemplo, la acampada en Sol y el movimiento Occupy Wall Street. "La construcción del campamento de Sol era de una gran ingeniería y fue muy grande en términos de participación. La articulación colectiva fue muy rápida y muy interesante. Sol fue la construcción de lo colectivo, de gente que dialoga, que trata de decidir cosas. Nueva York era lo contrario, pequeños grupos temáticos, reducidos, que resumían las lógicas del movimiento, con una gran masa de visitantes. Un escenario muy visitado por gente famosa, académicos, turistas... no tan abierto como Madrid. La ciudad no dejaba de ser un escenario compuesto por gente de todos los estados, no eran actores locales", explica Cecilia.  "Si no hubiera existido el 15-M no hubiera existido Podemos"

La cineasta encontró en Chile el final de un movimiento mucho más prolongado en el tiempo -duró siete meses-, en el que los estudiantes entregaron los colegios a finales de noviembre. Barriga encontró en su país natal "un hacer político más maduro, más en tierra. Ya no se trataba de empezar a pensar juntos, sino de realizar acciones directas.




Sin duda, la autora de Tres instantes, un grito ve en los movimientos sociales, especialmente en el caso español, una semilla que ha acabado brotando y transformándose en distintas cosas: partidos políticos, mareas ciudadanas, asociaciones como la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) -que aunque ya existía anteriormente cobró fuerza tras el movimiento ciudadano-. "No tiene sentido negar su relación con el 15-M. Podemos es una de las importantes derivas del 15-M, es un devenir suyo. Si no hubiera existido el 15-M no hubiera existido Podemos. "Es sano recordar el 15-M, nos creó músculo como ciudadanía"
Allí había gente trabajando activamente en la plaza", recuerda Cecilia. "Es sano recordar el 15-M, no para quedarse en una especie de nostalgia, sino para que, venga lo que venga en la nueva política, reconozcamos que ya tenemos músculo como ciudadanía organizada. Tenemos herramientas para exigir a los proyectos políticos una participación activa de la gente", zanja.

El documental se proyectará este miércoles en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.


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