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"Sentarse y sentirse", el consejo zen de Dokushô Villalba para combatir el consumismo

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El maestro zen Dokushô Villalba propone a cada persona "sentarse y sentirse" para ponerse en contacto con la sabiduría de cada uno y con el sentido común, que nos advierte lo tremendamente injusta e insostenible que es la sociedad actual, basada en el culto a la productividad y al consumismo desenfrenado.

Así lo ha manifestado a Efe el monje y maestro Dokushô, que acaba de publicar el libro "Zen en la plaza del mercado", con el que pretende acercar las enseñanzas budistas al gran público para ayudar, "sin recetas mágicas", a encontrar una vida individual y colectiva mejor.

"Nuestra prosperidad está edificada sobre la miseria de tres cuartas partes de la humanidad", señala el maestro, que para cambiar este modelo propone empezar por cada individuo.

La esencia del budismo zen es la práctica de la meditación llamada zazen, un "recogimiento o absorción interior" que se practica sentado en la postura del loto, donde hay que tratar de "pensar sin pensar", tomando conciencia de uno mismo y analizando cuestiones como "¿quién soy yo?, ¿qué estoy sintiendo?, ¿qué necesito?, o ¿qué quiero?".

El Zen, término japonés que designa a una de las escuelas budistas, "está más allá de las categorías" dice el monje, quien explica que no es una religión al uso, ni una ideología ni un sistema filosófico, sino una tradición espiritual milenaria que trasmite un conocimiento y un método para alcanzar el "despertar".

Esta es la "experiencia cumbre", comparada a menudo con la subida a la cima de una montaña, desde donde se consigue una visión amplia.

Pero después hay que bajar al valle, a la plaza del mercado, añade Dokushô, mezclándose con la gente e integrándose en la vida cotidiana, marcada hoy en día por el rito de una producción y un consumo alimentados por el "deseo" de la gente.

La sociedad actual se basa en el culto al dinero y al mercado, que se ha convertido en una "nueva religión", donde los economistas son sus teólogos, los publicistas y medios de comunicación sus mejores predicadores, y la mayor parte de los políticos sus relaciones públicas, señala Dokushô.

El monje reconoce que el ser humano tiene unas necesidades materiales básicas, pero también otras emocionales, psicológicas, cognitivas y espirituales, a las que la "religión del mercado" no presta atención, reduciendo el anhelo de felicidad del hombre solo a una satisfacción ilusoria de bienes de consumo.

Dokushô advierte que la sociedad occidental, "la que más consume, la que más contamina y la que desde hace siglos expolia a las demás regiones", está precipitando a la humanidad "hacia el abismo", y no descarta que en los próximos años la economía se desacelere de una forma estructural, no coyuntural, y se produzcan guerras, escasez de recursos y conflictos políticos y sociales a escala global.

También lamenta que a veces "somos un poco burros y solo aprendemos con los grandes palos", y es necesario que sucedan catástrofes para que surja una fuerza moral que ayude a transformar la sociedad, como ocurrió con la creación de la Unión Europea tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial.