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La sentencia del caso Alba castiga por igual a la madre y al agresor

La Audiencia de Barcelona los condena a 20 y 22 años de cárcel y a pagar los cuidados a la niña

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Era la noche de autos y Ana María Cano se acercó al hombre que acababa de agredir a su hija. "No expliques historias raras, di la verdad, que no pasa nada", le dijo. Acto seguido preguntó al médico si las heridas de la niña podían deberse a una caída de la cama. Probablemente, conocía la respuesta a su pregunta. Por eso, durante todo el proceso, insistió en que ella no sabía qué ocurrió aquella noche y en que no imaginaba que su novio pudiera dañar a su hija.

La Audiencia de Barcelona determinó ayer que Ana María Cano fue tan culpable como su ex pareja de las lesiones que sufrió Alba, que tenía entonces cinco años de edad, y que no volverá a hablar o a ser autónoma debido a las graves secuelas de la paliza, que le quedaran de por vida.

La sentencia determina que la madre de Alba es autora, por omisión, tan culpable del delito de lesiones como el autor material de la agresión, Francisco Javier Pérez. Por eso, el tribunal condena a Ana María Cano a 20 años de prisión y al padrastro de la víctima a 22 años. Sin embargo, el dictamen considera que no hubo voluntad de matar a la menor.

Los delitos por los que los magistrados han condenado a Cano y Pérez son los de lesiones se les hace responsables también de una fractura de húmero anterior de la niña, maltrato habitual y otro más contra la integridad moral, en el que la madre de Alba aparece en calidad de cómplice. Además, impone a los condenados a pagar una indemnización de 1,5 millones de euros, para garantizar los cuidados que requiere la menor.

Si el propio abogado de la acusada explicó durante el juicio que tenía claro que su clienta no era "la mejor madre del mundo", la Audiencia de Barcelona fue más allá.

Retirada la patria potestad

La sentencia reprocha "el gravísimo incumplimiento por parte de la madre de Alba de sus deberes de cuidado y asistencia de la niña". Además de retirarle la patria potestad, le deniega su petición de ser informada en prisión "ni directa ni indirectamente" del estado de salud y la evolución de la menor, que se recupera en un centro de la Generalitat.

El fallo señala a Francisco Javier Pérez como autor de la paliza a Alba en diciembre de 2005, en la que le rompió un brazo, y de los maltratos a que sometió a la niña mientras vivió con él. También le responsabiliza de atar a la pequeña a la silla para comer y obligarla a tragarse sus propios vómitos, además de darle de beber con una jeringuilla con la boca precintada.

Respecto a los golpes que dejaron inválida a Alba, el 4 de marzo de 2006, la sentencia cree probado que el procesado se quedó a solas con la niña en su piso de Montcada i Reixac (Barcelona) y la "zarandeó brutalmente y con tal violencia" que le provocó un hematoma en el cerebro. En opinión de la Audiencia, la madre de Alba era "perfectamente conocedora" de los maltratos que su pareja infligía a su hija y, pese a ello, "no adoptó decisión alguna" para evitar las agresiones, con lo que puso en grave peligro a la menor.

Respecto a las vejaciones a que Francisco Javier sometía a la pequeña, el fallo critica con dureza la conducta de la madre de Alba, porque "no se limitó a saber y consentir las condiciones indignas" en que la niña se encontraba, sino que faltó a su "obligación legal" de evitar esa situación. Sin embargo, queda descartado que Francisco Javier tuviera intención de matar a Alba, como lo demuestra que, al verla inconsciente, la llevara al ambulatorio.

Con este dictamen, se cierra el proceso para comprender qué le pasó a la niña que a los cinco años pesaba 15 kilos, odiaba que le tocaran la cara y lucía gorra para disimular que perdía cabello. La niña a quien su madre y la pareja de esta dejaban sola sin comida en otra mesa cuando iban a un restaurante. La niña a quien nadie protegía.