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Sevilla le brinda la ovación más larga de la Bienal a Paco de Lucía

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Ovacionado y jaleado nada más aparecer en el escenario, el guitarrista Paco de Lucía ha despedido la Bienal de Flamenco en Sevilla con un concierto de clausura que ha sido celebrado por el público que abarrotaba el Teatro de la Maestranza con el aplauso más largo de este festival.

Ha tardado seis años en volver y sus seguidores, que son legión, han respondido con una ansiedad inusual, celebrando cada acorde con palmas y gritos de "vivan los genios", "que Dios te bendiga" y "así se hace maestro", lanzados desde el patio de butacas.

Sin embargo, el maestro de Algeciras -que se ha metido en faena desde el principio- ha dado comienzo a su recital con una rondeña en la que ha dejado entrever los nervios que siempre le produce la plaza de Sevilla.

Extrañamente encorsetado, ha tocado largamente por bulerías, ya con todo el elenco sobre el escenario, donde han destacado las voces de David Maldonado y Duquende, de evidentes aires camaroneros.

Ha continuado por alegrías, y Paco de Lucía se ha servido de estos compases para repartir juego entre sus músicos, alternando el protagonismo entre ellos y ejecutando sus característicos picados, con una mano derecha firme y una izquierda imaginativa.

Ya en esta primera parte del concierto ha hilvanado temas de su último trabajo discográfico, 'Cosas buenas', como 'Volar', con otros clásicos -'Canción de amor', de la película 'Montoyas y Tarantos'- donde Paco de Lucía le ha cedido la primacía a la armónica de Antonio Serrano, que ha sorprendido por su virtuosismo y se ha convertido en el músico más aplaudido de la noche.

La aparición del bailaor Farruco, con una pincelada por bulerías donde ha dado rienda suelta a su baile eléctrico y preciosista -y que ha cautivado al patio de butacas- ha dado paso a una segunda parte del concierto en la que Paco de Lucía ha aparecido más relajado.

Aquí se ha detenido en unas rumbas clásicas -'La cautivaron'-, encadenando compases por soleá y tangos, hasta llegar al tema 'Luzia', donde el de Algeciras ha encontrado su rincón íntimo en medio de tanto virtuosismo musical del elenco.

Y después de este pequeño descanso, ha tenido lugar el momento en el que Farruco le ha robado el protagonismo a De Lucía. Un intenso baile por soleá, que ha rematado por bulerías, ha puesto boca abajo al teatro. El nieto del celebérrimo bailaor del mismo nombre ha derramado toda su fuerza y elasticidad por el escenario, su potencia y su filigrana, y el público se ha rendido a sus mágicos pies.

Tras un diálogo de arpegios con su sobrino, el segundo guitarra Antonio Sánchez, y una soleá por bulería interpretada por los dos cantaores, Paco de Lucía ha dado por terminado un concierto de más de dos horas de duración.

Pero el público no se ha sentido saciado -quizás Paco de Lucía haya estado algo escondido detrás de su elenco- y ha solicitado una reaparición a base de palmas a compás y gritos encendidos.

El maestro ha claudicado y ha regresado al escenario para interpretar su tema más conocido, 'Entre dos aguas', que el público le ha agradecido con una cerrada ovación.

Y a pesar de estar estrictamente prohibido, los espectadores han querido inmortalizar este momento con sus cámaras de fotos y teléfonos móviles, que han inundado de flashes la escena final.

Como final absoluto, Paco de Lucía ha vuelto a hacer gala de su generosidad, y ha cedido su presencia a un jovencísimo bailaor, de apenas 11 años, 'El Carpeta', el menor de la saga de los Farruco, que ha mostrado sus dotes por bulerías con la ayuda de su hermano ante un público entregado.