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Sexo, amistad y mentiras (muchas mentiras)

Cesc Gay estrena V.O.S., una comedia urbana basada en la obra de Carol López

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Hipoteca, maternidad, trabajo, amor, rutina, mentiras, amistad, sexo... El cineasta Cesc Gay (Barcelona, 1967) vuelve a la carga con las grandes cuestiones de ayer y hoy presentes en la vida de cualquier treintañero de clase media urbana. V.O.S., que se estrena el viernes, es una comedia cercana repleta de guiños al espectador recién llegado a la madurez, pero también un retrato de una generación y de una ciudad, la Barcelona de hoy día.

La historia gira en torno a dos parejas de amigos. O, mejor dicho, una pareja convencional y otra un poco más heterodoxa: están esperando un hijo pero no están liados. Los cuatro se pasean por un plató, donde trabajan como actores de una película sobre sus vidas. V.O.S. esconde, por tanto, dos historias paralelas: la verdadera (si es que se puede definir como tal) y la que representan los personajes en el rodaje. Pero la cosa es menos complicada de lo que parece. 'Sólo pretendo que el espectador se deje llevar', advierte el director.

El filme está basado en una obra de teatro de Carol López que ganó innumerables premios y se representó en media España hace cuatro años. Entre los muchos espectadores cautivados por la representación estaba Cesc Gay que, tras asistir a una función en el Teatre Lliure de Barcelona, decidió que quería trasladar su espíritu a la gran pantalla. Al pie de la letra. Contando incluso con el mismo reparto: Ágata Roca (su compañera sentimental), Paul Berrondo, Vicenta Ndongo y Andrés Herrera.

El método de trabajo de Carol López, que improvisa el desarrollo de la obra sobre la marcha, no sólo dio a los actores un papel añadido en la representación, sino que permitió que llegaran al rodaje de Gay con la lección más que aprendida. El director nunca había rodado tan rápido. 'En otras películas, como En la ciudad o Ficción, todo el equipo estaba mucho más abierto a cambiar cosas', dice. 'Pero en esta, los actores traían un background tremendo, de modo que casi todo el contenido estaba fijado. Lo único que he tenido que hacer ha sido refrescarles algo que tenían muy asimilado', añade.

El gran reto afrontado por el director catalán fue asumir que el cine es tan falso como el teatro, sin perder la verosimilitud por el camino. 'En el pacto que se establece en una obra de teatro se acepta la mentira, porque es obvio que todos estamos en una sala', explica el director de Kràmpack. 'Pero en el cine, especialmente en las últimas décadas, con el auge del género documental, el vínculo con el espectador es otro: se sienta en la butaca y tiende a creer que todo lo que ocurre en pantalla es verdad', razona.

Así, cuando mezcla una historia verdadera con un rodaje, Gay no pretende que parezca que está contando la verdad, sino hacer que el público asuma que la película es una gran mentira. Aunque, claro, no deje de contar unas cuantas verdades por el camino. O, como él dice, contar lo que 'no es razonablemente explicable', zanja.