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"Ha sido un trabajo de contención muy grande"

Tres años después de 'Volver', la intérprete regresa al imaginario de Almodóvar en 'Los abrazos rotos', que se estrena hoy, donde interpreta a una madre soltera

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Blanca está desatada. Tras 40 minutos de entrevistas se revuelve en la silla, los brazos en el aire, clamando un cigarrillo. A la primera calada le sigue una amplia sonrisa. Relajada, se entrega en un puñado de confesiones.

Su monólogo final es una de las partes más literarias de la película. ¿Llegó a negociar un registro menos retórico?

No. Creo que no se puede escribir mejor esa secuencia. Mi personaje lleva ese guión en su cabeza desde hace muchos años y tenía que tener las palabras escogidas. No era casual. De hecho, da la impresión de que lo lleva ensayando años, esperando el momento. Me parece que tenía que tener ese punto literario y que se toma un tiempo para contar eso como lo tiene que contar. Yo nunca lo hubiera hecho de pie, ella necesita estar sentada y con un vaso de alcohol en la mano. En ese tipo de cosas Pedro sí es capaz de abrir puertas, como cuando le pedí si podía prescindir de la tónica. Y le pareció perfecto.

Almodóvar habla de una 'carta de amor al cine'. ¿Lo suyo es una carta de amor a la interpretación?

Sí. En ese sentido, me siento muy identificada con él. Pedro hace cine porque la vida a veces no es demasiado bonita y construye una vida diferente, que es una forma de hacerla mejor, de que sea más hermosa, más llevadera, más viva y más intensa. Y yo pongo mi granito de arena con la pasión con que hago mi parte del cine, que es la interpretación.

La película tiene una estructura compleja. ¿Cómo comunica Almodóvar ese esqueleto?

En el momento en que tirábamos de emociones más o menos sencillas, frenaba y decía: 'Judith no llora. Su dolor es mucho más profundo. Tiene puntos de vista que no expresa, pero mira constantemente, vigila'. Luego, cuando vi la película, me di cuenta de que hay un montón de planos en los que estoy constantemente mirando, y es a través de las miradas, y del registro de Judith de todo lo que pasa, cómo me voy llenando. Ha sido un trabajo de contención muy grande, muy grande. Mi personaje es muy guardado para dentro y eso ha sido lo más difícil. Las indicaciones de Pedro eran muy precisas.

¿Es entonces mandón?

No. Yo lo que creo es que tiene muy claro lo que quiere y trabaja mucho para conseguirlo. Conoce muy bien el mundo del actor y sabe muy bien qué decirle a cada actor en cada momento. Claro que manda, porque tiene las ideas claras.

El filme está lleno de referencias: Tonino Guerra, Louis Malle, Antonioni, Rossellini...

Pedro habló de todas esas cosas. En lo referente a mí, le dije: 'Creo que hay una película que tengo que ver' y él me contestó: 'Espero que sea la misma'. Rebeca, por el ama de llaves, aunque está un poco extrapolado... Él fue dando todas esas referencias y las tuvimos en cuenta, sobre todo, en el proceso de ensayo. Son las claves para trabajar.

Los abrazos rotos es una cinta de reflejos. ¿Su personaje también se desdobla?

Yo creo que es la que menos duplicidad tiene, pero en cualquier caso Judith sí es dos mujeres: es una amante y una desamada. Fue una mujer apasionada y esa está guardada y se ha convertido en una mujer fría. Sí, tiene dos polos: uno externo y otro interno. La Judith de hace 14 años está guardada en un rincón, pero todavía está.

¿Es cierto que Almodóvar se está recogiendo tanto en sí mismo o es una exageración suya?

Sí. Cuando él lo dice es por algo, y en sus películas se nota. Volver ya fue una introspección, sentarse él solo ante la muerte, la madre, la maternidad Y aquí hay otra vez ese momento de encerrarse y plantearse: '¿Qué estoy haciendo yo aquí?, ¿por qué mi cine?, ¿qué pasiones tengo?, ¿qué necesito?, ¿qué vivo?'. No está diferente, está evolucionando. Y es una evolución hacia lo más profundo. Tiene un sentido muy lúdico del cine y lo sigue teniendo, pero va ganando cada vez más en hondura, en profundidad.