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"Yo siempre he dicho que Lorca no estaba allí"

Curro Albaicín Cantaor y organizador del homenaje desde 1972

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'El primer homenaje lo hicimos en el año 1972 y tuvimos que dejarlo. Lo hicimos un grupo de 15 amigos del Sacromonte, pero nos hicieron la vida imposible. No era, ni es ahora, un homenaje preparado. Era lo que el pueblo sentía'. El cantaor Curro Albaicín relata así el origen de una iniciativa que se le ocurrió cuando era un mozuelo. 'Cuando empezamos, en el 72, teníamos muchas ganas de libertad y sentíamos una gran admiración por Federico, el poeta que tanto hizo por nosotros. Pero los periódicos se ensañaron con nosotros, decían que éramos gente rara... y olvidamos el acto, hasta 1976', recuerda hoy.

'En el 72, teníamos muchas ganas de libertad y una gran admiración por Lorca'

Desde entonces, no ha faltado ningún año a la cita de la madrugada del 19 de agosto en el barranco de Víznar, donde se creyó que podían estar los restos de Lorca. 'Siempre he dicho que no estaba donde han escarbado, porque la zona estaba muy cerca de una carretera y era terreno muy duro. Los fascistas iban a la vaguada del monte. Allí les daban el tiro y caían. Creemos que, si no lo sacaron, está allí, en el barranco de Víznar. Por eso hacemos allí nuestro homenaje, pero para recordarlo con alegría'.

La primera vez que alguien acude se le eriza la piel. Eso lo confiesa el propio cantaor del Sacromonte, que lo ha visto año tras año. 'La gente que va por primera vez se emociona', dice. 'El cante, el baile, la noche, las velas Es un homenaje íntimo, en el que no cabe mucha gente'. Por eso, los fundadores del homenaje no le dan publicidad al acto.

'Esto no es para aglomeraciones: queremos que venga quien lo sienta'

Pero poco a poco invitan e implican a los nuevos valores del cante. 'No es sitio para aglomeraciones ni para mucha gente', afirma Curro Albaicín. 'Queremos que acuda y participe quien verdaderamente lo siente'. De vez en cuando, la participación de alguien suscita escalofríos. 'Sucedió hace unos años, cuando acudió al homenaje un anciano gitano de Loja que, al ver aquello se impresionó tanto que se tiró a la tierra empezó a cantar llorando por martinetes'. El silencio puso todo lo demás. Y el verso de Lorca 'Asesinado por el cielo', del poema Vuelta de paseo, flotaba en el ambiente.