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"Te sientes un delincuente"

Muchas situaciones reales se escapan a los supuestos que contempla la ley

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'Es como si te enfrentaras a la Inquisición'. Así explica Ignacio lo que ocurre cuando en su comunidad, Navarra, uno se topa con la realidad del aborto. Él y su mujer, Belén, tuvieron que vivir esa experiencia hace un año y medio. Era la segunda vez.

Después de seis meses y medio de gestación, su bebé 'no había desarrollado los pulmones'. El diagnóstico fue una hernia diafragmática. Como cuenta Ignacio: 'Era inviable, no tenía solución'. Ni siquiera esa razón fue suficiente en Navarra, donde, aunque la sanidad pública la financia, la interrupción del embarazo no se puede realizar en ningún tipo de clínica, ni pública ni privada, por lo que se tiene que derivar a otras clínicas españolas.

A la dureza del momento se unió el obstáculo de los plazos. La actual Ley del Aborto sólo contempla la interrupción voluntaria del embarazo en el caso de graves trabas físicas en el feto y antes de las 22 semanas de gestación. Finalmente, Belén e Ignacio tuvieron que viajar a Madrid. Allí, en una clínica privada, se realizó el aborto; una experiencia que Ignacio define como algo 'triste y desagradable', incluso 'dantesco', que además ocurre en un momento en el que se necesita la compañía de los seres más próximos. Y esto no es nada fácil cuando se está en una ciudad ajena. Está indignado: ' Llegas a los sitios como si fueras un delincuente'.

La Ley del Aborto está vigente en España desde 1985, pero casos como el de Ignacio y Belén son un ejemplo de que lo que muchos opinan: que es necesario un cambio en la legislación. No sólo en cuanto a los plazos o las condiciones; también en cuanto a las diferencias entre comunidades y la financiación. En ocho comunidades el aborto no está financiado y sólo el 3% de los más de 100.000 abortos que se realizan al año en España se desarrollan en centros públicos.

Y si en España la situación varía entre las distintas comunidades, también lo hace con respecto a Europa. Por eso Gemma, de 29 años, y su marido Ángel tuvieron que irse a Francia cuando, en el octavo mes de embarazo, recibieron la trágica noticia: su hijo nacería ciego, con retraso motor y con una esperanza de vida de menos de un año.

Nadie quiso realizar el aborto en España. Como cuenta Gemma, tuvieron que salir de Sabadell: 'Ninguno de mis médicos me preguntó a qué centro iría, ni siquiera mostraron el más mínimo interés por enviar mis informes hasta allí. ¿Es que no estamos en la UE?'. Sobre si una nueva Ley es necesaria, no tiene dudas: '¿Cómo no va a hacer falta? Esta vida no es para sufrir'.