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Siete días de ecoterrorismo

Simpatizantes del Frente de Liberación Animal quemaron este mes la casa del presidente de la farmacéutica Novartis. Los radicales animalistas comienzan hoy una semana de acoso a los científicos que experimentan con seres vivos

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El individuo de la fotografía no es un etarra dispuesto a cocinar un conejo al ajillo en un monte guipuzcoano. Acaba de saltar la valla de una granja dedicada a la cría de conejos en algún lugar de la meseta para 'liberar' a uno de los animales. Otros de sus compañeros, ataviados con pasamontañas, capucha y guantes, se colaron meses después en un matadero para 'rescatar' dos gallinas que esperaban 'su turno para ser asesinadas en una fría noche', según narraron en un comunicado colgado en la página web Accionvegana.org. Tras afanar las aves domésticas, dejaron su firma con pintura en la tapia del matadero: 'Gallinas liberadas. Frente de Liberación Animal'.

Sus acciones pueden parecer naíf, pero sus camaradas al otro lado de los Pirineos han endurecido sus acciones. El pasado 3 de agosto, unos radicales que reivindicaban los derechos de los animales prendieron fuego a la casa de verano del presidente de la farmacéutica suiza Novartis, Daniel Vasella. No hubo heridos, pero el chalé quedó calcinado. Semanas antes, los vándalos entraron en el cementerio en el que se encuentra el panteón familiar de los Vasella y robaron las cenizas de su madre.

Hasta la fecha, han sido los últimos embates contra la multinacional, pero la Policía suiza cree que habrá más. Los activistas acusan a Novartis, que factura unos 30.000 millones de euros al año, de ser uno de los principales clientes de la empresa inglesa Huntingdon Life Sciences, el laboratorio que más experimentos con animales lleva a cabo en el mundo. Cada año, unos 75.000 conejos, ratas, cerdos, perros y primates son sometidos en sus instalaciones a multitud de ensayos clínicos para comprobar la seguridad de posibles fármacos contra el cáncer, el sida, el alzhéimer y otros cientos de enfermedades. Novartis, sin embargo, niega su vínculo con el centro biomédico británico.

Los radicales ya han anunciado que los ataques seguirán. La campaña Stop Huntingdon Animal Cruelty persigue desde 1999 la clausura del laboratorio de experimentación, mediante el acoso a sus clientes, principalmente compañías farmacéuticas como Novartis. Los responsables de la campaña, que dicen rechazar la violencia, han convocado una 'semana de acción', a partir de hoy y hasta el domingo, contra los principales usuarios de Huntingdon. La Policía teme que la operación vaya más allá de pintadas y manifestaciones. El pasado verano, en una campaña similar a la actual, unos vándalos lanzaron un rudimentario cóctel molotov a la vivienda de un neurobiólogo de la Universidad de California que emplea animales en sus investigaciones. Su familia logró huir de la casa en llamas gracias a la escalera de incendios de su piso, situado en una segunda planta.

La reclamación de estos grupos, ya considerados terroristas en algunos países, como Reino Unido, es 'la abolición de la esclavitud animal' y el fin de los ensayos clínicos con seres vivos, hoy vitales para desarrollar los medicamentos que en el futuro beneficiarán a miles de millones de personas.

'Afortunadamente, en España no han llegado a utilizar explosivos', celebra el teniente coronel Modesto Píriz, del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona). Su cuerpo registró cinco casos relacionados con las organizaciones de liberación animal en 2006, tres en 2007 y ninguna desde entonces. Hasta el momento, no se ha detenido a nadie. 'Creemos que hay dos o tres grupúsculos en España. Normalmente no cometen delitos, sólo infracciones administrativas, pero ahora, con Internet, su repercusión es mucho mayor. Por eso hay que evitar que la cosa se complique con agresiones a personas', explica el portavoz del Seprona.

Un vistazo a Accionvegana.org, la web que utilizan muchos de los miembros del Frente de Liberación Animal y otros grupos afines para reivindicar sus acciones, demuestra que los métodos de estas organizaciones en países como EEUU, Suiza y Reino Unido están llegando a España. En los últimos meses, los radicales se han jactado de haber incendiado la plaza de toros de Cascante (Navarra), de apedrear una sucursal de Barclays Bank por su supuesta relación con Huntingdon Life Sciences y de llenar de pintadas los domicilios de tres directivos de Novartis en Barcelona.

En un comunicado posterior, el Frente de Liberación Animal amenazaba a la multinacional con más ataques: 'A medida que uséis la policía para endurecer la represión hacia nosotros, aumentaremos aún más nuestras acciones, os lo aseguramos. ¡Cortad vuestros lazos con Huntingdon y sacad vuestras sucias manos de los animales de una vez!'. Pese a estas intimidaciones y al anuncio de la semana de ataques, el teniente coronel Píriz admite que la Guardia Civil no ha declarado una alerta especial, aunque tienen 'algunas identificaciones'.

La presidenta de la Sociedad Española para las Ciencias del Animal de Laboratorio, Patrocinio Vergara, no entiende estos ataques a los científicos. 'Los investigadores no maltratamos a los animales. Los que hacen ensayos con seres vivos tienen que justificar la necesidad de realizarlos, disponer de unas instalaciones adecuadas con expertos en bienestar animal, tener un entrenamiento especializado y, además, su experimento debe ser aprobado por un comité de ética que estudia si hay métodos alternativos', detalla la bióloga.

A su juicio, los ensayos con animales serán imprescindibles, al menos, durante los próximos 30 años. 'Podemos suprimir las corridas de toros, porque no afectaría a nuestro bienestar, pero no es posible eliminar los experimentos con animales, porque estaríamos desarmados ante las enfermedades', subraya Vergara. Sin embargo, está abierta al debate: 'Las personas que se oponen con argumentos a estos ensayos aportan cosas, nos hacen pensar. Pero los radicales no aportan nada. Llamarles proteccionistas es insultar a los proteccionistas de verdad'.

Los científicos españoles también están expuestos a ataques similares al sufrido por el presidente de Novartis, Daniel Vasella, al que unos vándalos quemaron su vivienda y robaron las cenizas de su madre. Un investigador que se convirtió en blanco de los radicales hace más de cinco años explica en qué consiste el acoso: cartas amenazadoras en su buzón, pintadas en la fachada de su edificio tildándole de “asesino”, insultos en páginas web... Y, para colmo, el científico nunca ha llevado a cabo ensayos con seres vivos.

Fue la primera persona en España que se dedicó a asesorar a otros investigadores sobre el bienestar animal en los laboratorios. Sin embargo, su vivienda sigue siendo atacada, de manera periódica, por un grupo de vándalos que dicen reivindicar los derechos de los animales. “Lo bueno es que los vecinos saben que todos los años pintamos el edificio”, bromea.