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"Quizá el siglo que viene ni siquiera existan los teatros"

El co-productor de 'Chapí, una comedia divina' cree que la estética y los libretos de las zarzuelas parecen de otra galaxia

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Lluís Miquel Campos, co-productor de Chapí, una comedia divina, lo reconoce: 'La estética y los libretos de las zarzuelas parecen de otra galaxia'. Pero también señala el valor musical del género, que acerca a un público joven, eliminando elementos superfluos, respetando los números pero cambiando los libretos. Su propuesta aúna teatro, ópera, zarzuela y se verá en San Lorenzo de El Escorial, los días 30 y 31 de julio.

¿Cómo surgió esta idea?

Trabajando con el Taller de Ópera de Valencia, nos dimos cuenta de que el género se podía adaptar a los nuevos tiempos. Hace años hicimos un primer intento con Tres forasteros en Madrid, con obras de Chapí, Serrano y Lledó. Mucha gente se acercó por primera vez a la zarzuela.

En su momento, Chapí era un fenómeno de masas. ¿A quién podríamos equipararlo hoy?

En el Madrid de entonces había mucha rivalidad entre los compositores. Chapí sería un Alejandro Sanz, y su rival, Serrano, sería un Rosendo.

¿Qué reticencias puede haber entre el público más joven frente a la zarzuela?

La ven como algo de chulapos, lleno de tópicos. Nosotros apostamos por cantantes jóvenes, y adaptamos los textos al espectador contemporáneo. Nuestras obras no duran más de hora y media.

Chapí, una comedia divina, ¿es también el retrato de una época?

Sí, pueden verse pinceladas de aquel momento, entre finales del siglo XIX y principios del XX, una época muy oscura. Siempre se habla del franquismo, pero entonces estaba la Guerra de Cuba, la generación del 98, los atentados republicanos... era un momento muy convulso.

¿Es difícil reivindicar un género como la zarzuela hoy día?

Sí, porque hay prejuicios. Además, es muy complicado competir con las compañías oficiales, que tienen presupuestos astronómicos. Nosotros arriesgamos nuestro patrimonio personal para intentar salvar un género que forma parte del patrimonio cultural de este país. En España, somos tan modernos que renegamos de nuestras tradiciones. Lamentablemente, quizá el siglo que viene ni siquiera existan los teatros.