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El silencio de los verdes aumenta la incertidumbre sobre el destino de sus votos

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El silencio en la segunda vuelta de las presidenciales brasileñas del Partido Verde (PV), de la senadora Marina Silva, aumentó la incertidumbre sobre el destino de sus 20 millones de votos y sobre el futuro de los ecologistas, la tercera fuerza más votada en la primera vuelta del día 3.

Los verdes decidieron en su convención nacional no ofrecer su apoyo ni a la candidata presidencial oficialista Dilma Rousseff ni al opositor José Serra para dejar "independencia" a sus militantes y votantes en las urnas este domingo.

Al lavarse las manos, el PV ha motivado tantas especulaciones que ni los analistas políticos consiguen ponerse de acuerdo sobre qué consecuencias electorales tendrá esta postura.

Algunos analistas consideran que favorecerá a la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) porque Silva, candidata presidencial de los verdes, arrastró a muchos votantes de izquierda insatisfechos o que no les agrada la figura de Rousseff, pero que bajo ningún concepto votarían a la oposición.

Sin embargo, otros expertos señalan que el más beneficiado de la neutralidad verde será Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), puesto que el PV cosechó muchos votos en barrios o ciudades de clase media y alta que "tienden" a la derecha, como Brasilia, única región en la que Silva fue la más votada.

Pese a la neutralidad declarada oficialmente por el PV, algunas figuras destacadas del partido, como el diputado Fernando Gabeira, declararon su apoyo a Serra.

"La neutralidad beneficia principalmente al PV y a Marina Silva, que deberá de ser convocada (a integrar el Gobierno) por el que gane las elecciones", opinó el analista político Eurico Figueiredo, de la Universidad Federal Fluminense.

Figueiredo consideró que el ganador de los comicios del próximo domingo querrá contar con Silva por su imagen de política "seria" que se forjó en el Senado y como ministra de Medio Ambiente en el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, además de por el capital político de los 20 millones de votantes a los que representa.

"Marina Silva estará obligada a aceptar porque le forzará el partido y porque ella no tendrá un mandato", explicó Figueiredo, en referencia al hecho de que el periodo de Silva en el Senado terminará a finales de enero.

El analista advirtió, no obstante, que Silva se pudo "equivocar" en su cálculo político al mantenerse neutral, porque si Rousseff gana las elecciones, como pronostican las encuestas, podría negarse en redondo en ofrecerle un ministerio por sus diferencias personales.

Silva, que durante años fue miembro del PT, salió del Gobierno en el 2008 por las presiones a las que se vio sometida por parte del Ministerio de la Presidencia, dirigido entonces por Rousseff, para que aligerase las exigencias en las licencias ambientales a varios proyectos de infraestructuras.

Si no consigue un puesto en el Gobierno, Silva no ocupará ningún cargo legislativo o ejecutivo en los próximos años y correría el serio riesgo de perder todo el capital político logrado en estas elecciones, como le pasó a otros candidatos.

Es el caso de Heloísa Helena, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y también ex integrante del PT, que fue la tercera más votada en las elecciones presidenciales de 2006, tras lo cual fue concejal de la ciudad de Maceió (Alagoas) y ahora no ha sido capaz de conseguir un escaño en el Senado.

Las aspiraciones del PV de erigirse como una "tercera vía política" también dependen de ese hipotético puesto en el Gobierno, ya que en las elecciones legislativas tuvo un resultado insignificante.

"El voto verde es irrelevante. Los votos a Marina Silva han sido desproporcionados con respecto a los del partido, cuyo mensaje no tiene reclamo en el gran electorado", dijo Figueiredo.

Los verdes contarán en el próximo Legislativo con 15 de los 513 diputados que integran la cámara baja, es decir, con solo el 3% del total, y no tendrán representación en el Senado.