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Sobejano anota el "ritmo de compasión" como principal aportación de Delibes

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El poeta y crítico literario Gonzalo Sobejano ha acuñado la locución "ritmo de la compasión" para definir una intención y una técnica propias de la obra de Miguel Delibes, hasta el punto de representar "la nota más peculiar y más profunda que ha traído a la narrativa española de nuestro tiempo".

Sobejano, maestro de filólogos y catedrático de Literatura Española en la Universidad de Columbia (Nueva York), entiende por "compasión" en la novelística de Delibes "no sólo el sentimiento de pena por el padecimiento de otro", sino principalmente "la capacidad de ponerse dentro de la conciencia del otro o de acompañarla".

Reflexiona así este hispanista, autor de más de un centenar de monografías sobre literatura española clásica y contemporánea, dentro del estudio introductorio al Volumen II de las Obras Completas de Miguel Delibes (Destino-Círculo de Lectores), que se distribuye el martes próximo junto al III, prologado éste por Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española.

Ese sentimiento compasivo se manifiesta en una estructura y en un lenguaje "cuya ley íntima es el compás, el ritmo: repetición y variación" de palabras, frases, rasgos, situaciones, motivos e imágenes "destinadas a marcar ciertos símbolos que entonan el texto y expanden los significados" dentro de un "todo intencional".

A partir de "El camino" (1950), superada la etapa inicial de tanteo y asentamiento estilístico, "todas o casi todas las obras narrativas de Delibes ofrecen una situación existencial y un testimonio social para poner de relieve la verdad de los seres sencillos a través de la compasión profunda con que el autor opera".

Amigo de Miguel Delibes y uno de sus principales estudiosos, el análisis de Gonzalo Sobejano (Murcia, 1928) preludia el Volumen II de las Obras Completas, que abarca las novelas publicadas entre 1955 y 1962, entre ellas "Diario de un cazador", "Diario de un emigrante", "La hoja roja" y "Las ratas", y cinco novelas cortas.

Por su parte, Víctor García de la Concha, autor del prólogo al Volumen III, deja claro que al escritor vallisoletano ni le guía un "propósito costumbrista" ni revela un "empeño casticista" en sus relatos, y pone de ejemplo a "Viejas historias de Castilla la Vieja" (1964) como prototipo de sus principales ingredientes literarios.

En este libro, a caballo entre el cuento y la novela, "combina la contemplación de la hermosura de la naturaleza con la narración viva", con el análisis psicológico de algún personaje y la "sabia configuración de ideas, valores y sentimientos de las gentes" de Castilla la Vieja.

"Con un mínimo de elementos argumentales y sin hechos prodigiosos, su escritura ha logrado condensar en pocas páginas la intrahistoria de su tierra y ha creado un espacio de arte. Lo pobre, lo vulgar y cotidiano queda transformado en la palabra", añade el director de la Real Academia de la Lengua acerca de ese libro.

El Volumen III, que preludia García de la Concha, abarca la producción novelística entre "Cinco horas con Mario" (1966) y "El disputado voto del señor Cayo" (1978), incluye "Viejas historias de Castilla la Vieja" (1964) y más de una veintena de cuentos fechados entre 1950 y 1957.