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Sobrevolando Doñana

Por muchas cosas es único este Parque Nacional andaluz. Entre ellas, por la riqueza de las especies de aves que en él habitan, y que cada año llegan desde lejanas tierras de Europa y África para recuperar energías y cuid

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Cada año, miles de aves realizan hasta Doñana un viaje a la altura de las grandes travesías que sólo en tiempos recientes el ser humano ha comenzado a frecuentar: procedentes de Europa y África, encuentran en este Parque Nacional, la mayor reserva ecológica de Europa, un lugar ideal en el que detenerse a reponer energías y cuidar a sus crías. En total, más de trescientas especies de aves habitan un mosaico de ecosistemas que alberga una biodiversidad única en todo el continente. De ellas, 127 se reproducen habitualmente en dicho rincón de Andalucía, y once se encuentran amenazadas. Cualquier viaje al Parque no debe descuidar una mirada a quienes lo sobrevuelan.

Y es que el perfil de Doñana no sería lo mismo si de él estuvieran ausentes los flamencos rosas, una de sus especies más llamativas, que adquieren su particular pigmento debido a uno de los minúsculos crustáceos que constituyen la base de su alimentación. Esta especie, de más de un metro de alto, se caracteriza por sus patas y cuello sumamente largos y por su peculiar pico, que le permite alimentarse entre el fango de las zonas encharcadas que constituyen su hábitat predilecto. En su lugar predilecto, los lucios, en los que pueden invernar gracias a la presencia de agua en estas zonas aun en tiempos de sequía, los flamencos ofrecen al visitante una panorámica visual espectacular que por sí misma justificaría una visita al Parque. Doñana tampoco sería igual si no sobrevolasen su territorio las águilas imperiales ibéricas, una especie única y en serio peligro de extinción que aquí sigue enseñoreándose del aire.

Flamencos y águilas, junto con otras numerosas variedades ornitológicas, entre las que destacan las rapaces, se concentran fundamentalmente en las marismas, auténtico lugar de paso, cría e invernada para miles de ellas. El alto valor ecológico de este espacio le ha permitido ser declaradas Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Lejos de ser el único ecosistema del Parque, en Doñana la presencia de playas de dunas y cotos dota al Parque de una personalidad única, al tiempo que lo convierten en todo un referente mundial para los amantes de dichos vertebrados.

Dado que las aves son unas de sus imágenes más distintivas, el turismo ornitológico es una de las opciones más recomendadas si se visita este recinto. La marisma, en concreto, posee una panorámica visual que la convierte en un lugar excepcional para acceder a la diversidad ornitológica de Doñana. Un auténtico paraíso en las alturas.



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