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La soledad de los estrategas

Quienes enarbolan las polvorientas banderas contrarias a la asignatura se han confundido de enemigo y, sobre todo, se han confundido de país.

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En la ridícula pero tenaz satanización de la asignatura Educación para la Ciudadanía late una ultraderecha melancólica que no quiere decir su nombre. Lo grave no es que a esa ultraderecha política y judicial le guste imaginar que un inocuo temario escolar sobre derechos civiles puede poner en peligro las almitas de los alumnos de España ¡España!. Lo grave es que toda una dirección de todo un partido que representa a la mitad de todo un país no tenga la entereza democrática de rechazar con inequívoca rotundidad el incumplimiento de toda una ley.

Quienes enarbolan las polvorientas banderas contrarias a la asignatura se han confundido de enemigo y, sobre todo, se han confundido de país. Educación para la Ciudadanía es un enemigo inexistente, como inexistente es el país al que apelan esas tenaces vanguardias ultraderechistas para que se sume a su anacrónica cruzada educativa. Esa doble inexistencia es la que explica que apenas un 0,8% de los alumnos de las comunidades gobernadas por el Partido Popular se haya incorporado a filas para combatir en esta guerra doblemente imaginaria.

Los ideólogos, capellanes y estrategas de esta guerra están solos. Tras ellos no hay ejército alguno porque apenas han logrado convencer a un ínfimo porcentaje del país de que Educación para la Ciudadanía es un enemigo verdadero ni de que es, por tanto, preciso librar una guerra a muerte para expulsarlo de la escuela. Esa soledad presagia su segura derrota.