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La soledad de la presidenta

La batalla por Caja Madrid ha puesto en evidencia el aislamiento de Esperanza Aguirre en el PP. Se ha quedado huérfana de apoyos regionales

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La presidenta de la Comunidad de Madrid se lo ha jugado todo dentro de su partido a una silla, la que dejó vacía el martes cuando el Comité Ejecutivo Nacional del PP se reunía para poner una venda a una herida interna sobre la que ella tenía mucho que decir. Y ha perdido.

Cansado del último enfrentamiento entre Comunidad y Ayuntamiento, esta vez a cuenta de Caja Madrid, y presionado por los barones regionales para que pusiese freno a la situación, Mariano Rajoy convocó a los suyos para leerles la cartilla.

A saber: que los trapos sucios se lavan en los órganos del partido, que tiene plena capacidad para incluir y excluir nombres en las listas electorales y que no va a tolerar presiones de nadie. Un mensaje que Esperanza Aguirre no quiso acudir a escuchar porque temía que se tratase de una 'encerrona'.

Precisamente, intentando evitar la 'encerrona', la presidenta de la Comunidad de Madrid ha logrado lo contrario: estar más acorralada. Primero, porque hasta los dirigentes más aguirristas admiten que su plante al Comité Ejecutivo fue un error y a partir de ahora todos sus movimientos van a ser mirados con lupa.

Y, segundo, porque a estas alturas nadie en el PP tiene dudas de que, si su ambición política traspasa algún día las fronteras de la Comunidad de Madrid, lo tiene muy difícil. 'El futuro de Esperanza es igual a cero', resume un dirigente regional.

El resultado es que la presidenta madrileña se encuentra ante uno de los momentos más delicados de su carrera política. Y que se enfrenta a un periodo complicado antes de que llegue el año clave, 2011, cuando se celebrarán las elecciones autonómicas y el Congreso Nacional del PP que debe elegir candidato para La Moncloa.

Estaba todo ensayado. Pero una vez más se estropeó el guión. Después de la pelea entre la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento por la renovación de los órganos de gobierno de la cuarta entidad financiera española, la polémica entrevista contra Aguirre del vicealcalde Manuel Cobo y el culebrón del PP valenciano, era necesario un golpe de autoridad. También un cierre de filas. Por ello, el pasado martes, el presidente de los conservadores convocó a su Comité Ejecutivo Nacional.

Nadie contaba con que Aguirre fuese a atreverse a romper la imagen de unidad que se pretendía. La noche anterior, cuando empezó a correr por el partido el rumor de que la presidenta iba a ausentarse, en el PP se llevaban las manos a la cabeza. 'Tal y como están las cosas, no se atreverá', comentaba un diputado.

Los sondeos apuntan a una pérdida de su mayoría absoluta

Pero se atrevió. La también líder del PP de Madrid, siempre muy inteligente a la hora de cuidar la imagen que de sí misma quiere vender, evitó ese día a toda costa ofrecer la instantánea que abriría periódicos e informativos: la suya junto a Rajoy o Manuel Cobo. Pero dio igual. Su plante logró quitar protagonismo al discurso de su jefe de filas y derribó la estrategia de la dirección nacional.

Un alto dirigente resume de forma muy gráfica la escena: 'Queríamos un cierre de filas, sí. Pues lo que conseguimos es un cierre de filas de todos menos de Esperanza'. Incluso los menos fieles a Rajoy dentro del partido coinciden en que, en esta ocasión, 'Aguirre se ha pasado de frenada'.

¿Las consecuencias? 'Los barones regionales de uñas, cansados de que siempre sea la misma la que se empeña en tirar piedras contra nuestro propio tejado', explica un diputado.

En las últimas semanas, tanto en público como en privado han sido muchos los dirigentes regionales y provinciales del PP que se han quejado de la dificultad que entraña hacer política en sus pueblos y ciudades con los problemas internos del partido como telón de fondo.

'Da igual que me recorra 20 pueblos al día, que intente acercarme a los ciudadanos, que me interese por los problemas... al final, ni un solo día me libro de que me pregunten por Aguirre o por Ruiz-Gallardón o por Camps', asegura un dirigente regional.

El hartazgo es tal que cada vez son más en el PP los que consideran que la propia Aguirre ya se ha dado cuenta de que 'está huérfana de apoyos territoriales'. Algo que, en términos políticos, equivale a carecer de respaldo para plantearse como alternativa a Mariano Rajoy. 'Quizá no quiera, pero ha reparado en que está sola y está dolida. A un político no le basta con que le quieran los ciudadanos. Hace falta que te quieran en tu partido', asegura un diputado.

Mientras sus compañeros esperan un gesto, una reflexión que vaya más allá de ese 'hoy no hablo porque llevo zapatos planos' con el que despachó a los periodistas el día posterior al Comité, en el entorno de Rajoy intentan ser conciliadores. 'El partido está dispuesto a perdonar, pero ella tiene que aflojar un poco la tensión', mantiene un miembro del Comité Ejecutivo.

La alusión de Rajoy a que él decide las candidaturas electorales sonó, lógicamente, a amenaza en el entorno de la presidenta. Hasta tal punto que más de un aguirrista instaba al líder del PP a medir sus palabras: 'No se debe jugar con esto. Nadie cuenta con que Aguirre un día se canse y dé un portazo. Y si lo da, Rajoy lo tiene muy crudo para gobernar en 2012', explicaba uno de sus colaboradores.

'Sin Madrid, Rajoy lo tiene crudo para ganar en 2012', dice un aguirrista 

Hay quien va más allá y opta por recordar al líder del PP que, si prescinde de Aguirre en la Comunidad de Madrid, 'esto será el fin de la presidenta, pero también el fin del PP'.

Es precisamente éste uno de los tabúes de los que intenta desprenderse el partido, el de las presiones de los barones regionales reivindicando su peso electoral. Nadie duda de que Aguirre será la candidata a la Comunidad en 2011, como ella misma ha anunciado, siempre que así lo quiera.

'Pero hay que pararle los pies', sugiere un diputado. 'En el PP siempre hemos presumido de un solo discurso y de mirar en la misma dirección y todos, los que ganan y los que pierden en las urnas, tenemos que pensar en el bien del partido. No podemos permitirnos salidas de tono', explica la misma fuente, en alusión al plantón que la lideresa, como se ha referido a sí misma en alguna ocasión, dio a su jefe en la reunión del martes.

Además, hay en el PP quienes empiezan ya a plantearse el hecho de que pueda atribuirse sólo a Aguirre la victoria en la Comunidad. 'Puede ser que ganemos en Madrid por la dinámica del partido en la capital y por motivos sociológicos, no sólo por el carisma de una persona', señala un diputado.

No obstante, el PP es muy consciente de que la batalla de Madrid no puede prolongarse en el tiempo, porque 2011 está a la vuelta de la esquina. Máxime cuando las encuestas que barajan los partidos políticos apuntan a una posible pérdida de la mayoría absoluta para el PP, a una bajada del PSOE y a una irrupción con fuerza (entre el 7 y el 8% de los votos) de UPyD, el partido liderado por Rosa Díez.

Mientras, y a tenor de lo ocurrido esta semana, en el PP madrileño aseguran que ahora toca mantener perfil bajo, no hacer mucho ruido. 'Para bien o para mal, haga lo que haga Aguirre no pasa inadvertido', entienden. Por ello, consideran necesario dar un respiro a Mariano Rajoy: 'No tendrá liderazgo, pero es el líder. Y además, cualquier movimiento que nos aleje de nuestro electorado es muy peligroso'.

En el sector de los fieles a Aguirre tienen otra interpretación de lo ocurrido. Existe la creencia de que tras la decisión de la dirección nacional del partido de negar al vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, la presidencia de Caja Madrid hay una maniobra para debilitar la gestión de esta dirigente.

'El futuro de Esperanza es igual a cero', dice un dirigente regional 

El aterrizaje de González en la entidad hubiese provocado la necesidad de una remodelación inmediata en el Gobierno madrileño. Se trataría de un ajuste más en el círculo de poder de la presidenta que se sumaría a las expulsiones de sus alcaldes y diputados imputados en el caso Gürtel.

'No ha gustado que fuese la primera en actuar contra la corrupción y que haya tomado la delantera a Rajoy y a Camps.

Por eso le pararon los pies en Caja Madrid: si lograba quitarse de en medio a González, salpicado también por algunos escándalos, la doble vara de medir del PP nacional y el madrileño iba a ser todavía más evidente. Y eso parece que no interesa', explica un diputado autonómico. Rajoy sigue manteniendo en sus respectivos escaños del Congreso y el Senado a Luis Bárcenas y Jesús Merino, imputados en el citado escándalo de corrupción.

Si algo ha quedado claro en esta crisis es que Ignacio González, en medio de las fricciones entre el PP de Madrid y el nacional, ha salido debilitado. El mismo día que el propio vicepresidente autonómico manifestaba su apoyo a Rodrigo Rato como candidato a presidir la entidad, la Comunidad de Madrid insistía en que González seguirá 'con total normalidad' desempeñando su actividad en la Puerta del Sol, sede del Gobierno regional. Pero, puertas adentro del partido, la impresión que queda es que quiere retirarse de la primera línea de fuego.

Así, sus compañeros en el PP de Madrid tachan de 'injusto' el trato que Rajoy ha dispensado a González. 'Mariano sabía de sus intenciones para presidir la Caja. Pero no se atrevió a decírselo a la cara. Se ha comido todos los marrones del proceso, y ahora ya no sirve. Es para estar decepcionado', valora un dirigente madrileño.

'Tarde o temprano, Esperanza tendrá que buscarle una salida', continúa la misma fuente. Es en este escenario en el que muchos hablan de un posible ascenso de Juan José Güemes, consejero de Sanidad de la Comunidad y secretario de Comunicación del PP regional.

Los asistentes al Comité Ejecutivo del lunes coincidieron en valorar el 'tono moderado, educado y la inteligencia' del discurso con el que respondió a la intervención de Manuel Cobo. Yerno de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, Güemes es el único de los hombres fuertes de Aguirre que es bien visto en la dirección nacional del partido.

Pese a que quedan todavía partes del sumario de la Gürtel bajo secreto, no es la Comunidad de Madrid la que más preocupa al PP. Es más, en el partido aseguran que en esto Aguirre sale menos desgastada que sus compañeros de la Comunidad Valenciana. 'Cuando no te pillan metiendo mano en la caja puedes resucitar', considera un diputado conservador.

Antes de las elecciones generales de 2012, el PP tendría que celebrar un nuevo congreso nacional para elegir a su presidente nacional y candidato.Con la prudencia que obliga la distancia temporal, en el partido consideran que, en esta ocasión, la presidenta tampoco se atreverá a rivalizar con Mariano Rajoy.

Es más, sus colaboradores aseguran que jamás lo ha pensado. Y menos ahora que ha visto que la posibilidad de saltar al terreno nacional le es imposible por el enfado de los otros barones regionales. 'Esperanza sabe que en Madrid su poder es ilimitado, que tiene un ejército de fieles dispuestos a dar siempre la cara por ella. Pero esta estructura no es extrapolable al resto del territorio nacional. Ha enfadado mucho fuera de Madrid', apunta una diputada.

¿Por qué la presidenta está sometiendo a este desgaste a Rajoy si no aspira a su puesto? 

A quien sí señalan en casi todos los círculos conservadores es al alcalde Alberto Ruiz-Gallardón. 'En 2011 tendrá más complicado ganar con mayoría absoluta en el Ayuntamiento, la gente está harta de obras e impuestos. Él lo sabe, y ha empezado ya a mover ficha por si le llega la ocasión de saltar a la política nacional', explican. En este contexto, una de las preguntas que más gente se ha hecho en el PP en las últimas semanas es la de por qué la presidenta está sometiendo a este desgaste a Rajoy si no aspira a su puesto.

Los aguirristas lo tienen claro: todo lo que hace Aguirre, es por el bien del partido. Por eso mismo justificó su ausencia al Comité. Un discurso que suena al 'No me resigno' con el que levantó ampollas hace más de un año en su discurso del foro ABC.

En plena etapa precongresual, y haciéndose máxima depositaria de los principios liberales, soltó perlas del estilo 'No me resigno a que el PP no dé las batallas ideológicas y sea capaz de ganárselas a los socialistas'. El enfado de Rajoy a cuenta de la ideología llegó a tal punto que un sábado de abril, en Elche (Alicante), espetó: 'Si alguien quiere ir al Partido Liberal o al Conservador que se vaya'. De esto hace ya más de un año y medio.