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La sombra del gueto de Varsovia se cierne sobre Gaza

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Por Alastair Macdonald

La sombra del gueto de Varsovia de mediados de siglo pasado parece estar acercándose a la frontera de Israel con la Franja de Gaza.

Sobre una colina que hace unas semanas ofrecía una buena vista del humo por los combates elevándose sobre Gaza y de los helicópteros que persiguen a militantes palestinos, aquella sombra se proyecta literalmente con la estatua de un hombre que encabezó el levantamiento judío contra los nazis en 1943.

La figura de Mordechaj Anielewicz, quien murió en combate y no como millones de judíos en las cámaras de gas, se eleva ante el bajo sol de invierno sobre jardines y una piscina en el kibbutz nombrado en su honor por compañeros socialistas de Polonia, cuya huída a los territorios palestinos en la década de 1930 los salvó del Holocausto.

Sin embargo, hay sombras figurativas de aquella época que también penden sobre la granja comunal ganadera y apícola Yad Mordechai, aproximadamente a un kilómetro y medio de la frontera con Gaza.

"Es muy pesado vivir a la sombra de Mordechaj Anielewicz", dijo Raya Passi, portavoz del kibbutz.

"La estatua y la historia de la guerra penden sobre el kibbutz", agregó.

La mujer recordó cómo los horrores en Europa trajeron a los judíos a la zona pero también cómo el kibbutz, creado poco después de que las tropas alemanas arrasaran el gueto de Varsovia, cayó cinco años más tarde durante las epopeyas fundacionales del Estado judío.

La historia del kibbutz recuerda al sitio de la batalla bíblica de David y Goliat, frente a una abrumadora adversidad que más tarde ayudó a definir la frontera israelí.

Pero además, las sombras se ciernen sobre los palestinos hacinados miserablemente en la Franja de Gaza, en su mayoría descendientes de refugiados que perdieron sus casas cuando Israel se convirtió en Estado el 14 de mayo de 1948.

También existe el fantasma del gueto de Varsovia sobre las aldeas árabes desaparecidas, desmoronadas sobre la tierra de labranza, al norte de los muros y vallas que Israel erigió para detener los ataques por parte de militantes islámicos en Gaza.

MEMORIA EN CONFLICTO

No hay lugar donde los choques simbólicos de memoria e imágenes que agobian las historias de israelíes y palestinos resuenen más fuerte que en torno a Yad Mordechai, donde las últimas semanas la banda sonora estuvo compuesta por una mezcla del mugido del ganado, el canto de aves y el disparo de ametralladoras.

Para los israelíes es donde unas decenas de granjeros judíos, viviendo el ejemplo de Anielewicz, resistió a un Ejército egipcio de proporciones bíblicas, de miles de hombres, durante seis días en mayo de 1948. Ellos ganaron tiempo y despuntaron un ataque árabe que de otro modo podría haber llegado a Tel Aviv, la principal ciudad judía, hacia el norte.

Una torre de agua dañada por proyectiles todavía está en pie a un ángulo extraño junto a la estatua de Anielewicz, como recuerdo de la batalla.

Para los palestinos, 1948 fue la "catástrofe", cuando las potencias occidentales horrorizadas por el Holocausto entregaron la mitad de su país a inmigrantes judíos de Europa y se mantuvieron al margen, mientras el nuevo Ejército israelí los expulsaba antes de expandir sus fronteras en una guerra contra las fuerzas de las caóticas naciones árabes vecinas.

Cada lado interpreta la historia a su propia manera, con frecuencia escandalizando al otro.

Los palestinos comparan a los combatientes islámicos que han resistido durante las últimas semanas la ofensiva de Israel con los judíos del gueto de Varsovia que lucharon contra los nazis.

La afirmación consterna a los israelíes, quienes dicen que la ofensiva se inició en defensa propia, para detener los asaltos con cohetes de militantes hacia su territorio.

Los palestinos están igualmente enojados y frustrados porque la mayoría de los israelíes no considera su punto de vista.

Muchos israelíes se inspiran en la historia de la batalla de Yad Mordechai para el triunfo, y en las palabras de Anielwicz: los pocos contra los muchos. Además, muestran su apego por una tierra que consideran fue entregada por Dios y de la que fueron expulsados hace 2.000 años.

En cuanto a los actuales 600 residentes de Yad Mordechai, ahora una prolija comunidad, Passi se refiere al legado de la batalla: "Es un sentimiento común, que pertenecemos aquí, que cuidemos la frontera y que nunca más nos vayamos".

Ella observa que el plan de la ONU de partición de los palestinos, planteado en 1947, habría ubicado al kibbutz bien adentro del propuesto Estado árabe.

"Pero afortunadamente estalló la guerra", dijo la mujer, y ayudado por los defensores de Yad Mordechai, Israel llevó su frontera hacia el sur a unos pocos kilómetros de la ciudad de Gaza.

En esa misma guerra, decenas de miles de personas huyeron aterrorizadas a la zona en torno a Gaza que estaba en manos de las fuerzas egipcias.

En 1967, Israel tomó y ocupó lo que se convirtió en la Franja de Gaza y para cuando se retiró en 2005, los palestinos en el enclave, todavía sin un estado, ascendían a 1,5 millones.

Algunas de estas personas todavía reclaman las tierras en torno a Yad Mordechai. Muchos votaron por el grupo Hamás, que quiere hacer retornar el tiempo, enviar a los judíos "de vuelta" a Europa y destruir su Estado. Todos en Gaza ven a 1948 como una calamidad que todavía asola sus vidas.