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¿Cómo son capaces las moscas de aterrizar en el techo?

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Los insectos componen el grupo animal que reúne más especies. Hasta ahora se han descrito alrededor de un millón, aunque aún no se conocen todas. De hecho, las hipótesis más conservadoras apuntan a que esta cifra se podría multiplicar por seis o por siete, aunque algunos investigadores calculan que pueden existir alrededor de 30 millones de especies.

Su aparición data del Devónico, es decir, de hace unos 400 millones de años, por el registro fósil conocido. Esta antigüedad ha permitido su adaptación a muy diferentes medios. Así, los podemos encontrar en todos los ambientes terrestres (desde el Ecuador a los polos), y acuáticos, ya sean marinos o de aguas dulces, y se da el caso de que existe un buen número de grupos (libélulas, efímeras, moscas de las piedras y frigáneas o tricópteros) que poseen fases larvarias acuáticas, e imagos (adultos) de hábitos terrestres. La ocupación de tan diferentes ambientes ha dado lugar a multitud de adaptaciones en su cuerpo, metabolismo, comportamiento

Los insectos aparecieron hace 400 millones de años y se han adaptado a muy diferentes medios

Pero vamos a centrarnos en las alas, que tienen mucho que decir en esta cuestión. Entre los insectos se diferencian grupos alados (mariposas, moscas y mosquitos, abejas, avispas, libélulas, escarabajos, chinches), y grupos sin alas (piojos, pececillos de plata, pulgas, termitas). En todo caso, dentro de un mismo orden pueden incluirse especies que poseen alas y otras que, por su adaptación a un determinado ambiente, la han reducido o perdido. Un ejemplo serían las chinches de las camas.

Las patas de los insectos no han quedado al margen de la evolución y de la diversificación. Si bien conservan una estructura en segmentos muy homogénea, por regla general los diferentes grupos se han adaptado a tres tipos principales de desplazamiento: marcha o carrera, salto y natación.

La marcha es el sistema de movimiento más generalizado. Las patas delanteras sirven como tractoras, las medianas como soporte y las traseras como impulsoras.

Las moscas poseen entre las uñas unas almohadillas provistas de pelos con sustancias adhesivas

En los insectos saltadores, los mecanismos de impulsión varían mucho de unos a otros (saltamontes, pulgas, y algunos coleópteros y chinches). Entre los insectos nadadores, como es el caso de muchos escarabajos y chinches acuáticas, las patas traseras o las medias y traseras se modifican aplanándose hasta adquirir forma de remo y desarrollan pelos que aumentan más la superficie de empuje, lo que facilita desplazar la pata hacia delante a fin de coger impulso para la palada.

Cada gran grupo de insectos ha desarrollado modificaciones específicas en las patas para sus diferentes necesidades. Para la sujeción a distintas superficies, los insectos presentan en su tarsómero distal una uña o un par de uñas que les permiten asirse a superficies rugosas y así trepar por estas, pero no sujetarse a superficies más lisas o tan lisas como puede ser un cristal, lo cual observamos que es factible para un buen número de ellos.

Así, el mecanismo que facilita a las moscas el poder desplazarse por superficies muy lisas, o incluso por los techos, es la posesión entre las uñas de unas almohadillas provistas de pelos o sedas con sustancias adhesivas.

Estas almohadillas se denominan pulvilos, o pulvilli. Por ello podemos ver desplazarse con absoluta seguridad a muchas moscas, mosquitos y otros insectos por superficies satinadas o incluso invertidas. Esta capacidad sirve para mantenerse fuera del alcance de posibles enemigos o acechar a sus víctimas, aunque sus depredadores no se han quedado atrás y también pueden dar alcance a tan esquivas presas. De ahí, por ejemplo, la capacidad de las salamanquesas para poder cazarlas.

Unido a lo ya dicho, muchos insectos poseen la capacidad de vuelo invertido y eso, junto con el hecho de estar dotados de las mencionadas almohadillas adhesivas, hace factible el aterrizaje en los techos, algo nada complicado para estos pequeños y, en ocasiones, molestos insectos. La evolución parece hacerles desafiar la gravedad.