Publicado: 23.08.2011 08:00 |Actualizado: 23.08.2011 08:00

¿Cuáles son las regiones de la Península con mayor actividad sísmica?

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La zona con mayor actividad sísmica de la Península Ibérica es la zona meridional, tanto en el subsuelo del territorio emergido como bajo el mar. Los movimientos sísmicos que, de forma habitual y continuada se dan en esta región, están relacionados con el empuje y convergencia continuos entre dos grandes placas tectónicas: la africana y la euroasiática. Además, a esto hay que sumarle que en el sur de la Península Ibérica existe una franja orientada aproximadamente de este a oeste y que se extiende también bajo varios mares: Mediterráneo, Alborán y Atlántico, donde se concentra la actividad sísmica más importante.

El empuje de la placa africana se dirige hacia el noroeste, provoca deformación en el terreno, da lugar a desplazamientos de grandes bloques en el subsuelo y ocasiona la formación y el movimiento de fallas. Estos movimientos generan ondas sísmicas que se propagan desde zonas profundas del subsuelo, donde está el hipocentro del terremoto, hasta alcanzar la superficie, punto que se denomina epicentro. En esta zona se registran pequeños terremotos, que no son perceptibles en su mayoría, aunque en época reciente se han registrado algunos de magnitud superior al grado 6. La escala Richter mide la magnitud de un terremoto, que a partir de esa cifra puede ocasionar daños severos en áreas muy pobladas. A diario se producen pequeños terremotos en fallas activas del sureste peninsular que, normalmente, no son perceptibles para la población. Sabemos de su existencia porque la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional registra a diario esa actividad.

En el Mediterráneo, Alborán y Atlántico se concentra la actividad sísmica más importante

La actividad sísmica en la Península Ibérica es moderada debido a que la convergencia entre las placas es suave y lenta en esta zona, si se compara con lo que ocurre en otras partes del planeta, donde la convergencia y subducción de placas es activa y donde se registran grandes terremotos como en Japón o en la zona andina.

Los movimientos de aproximación y convergencia de placas y los de separación forman parte del día a día de la evolución de la Tierra. Por la separación entre placas se ha ido formando durante millones de años el océano Atlántico y por la convergencia y colisión entre placas se formaron la cordillera Bética y el Atlas, los Pirineos, los Alpes, los Andes y el Himalaya.

Los efectos de un terremoto dependen no sólo de la energía generada por movimientos en el subsuelo sino también de su proximidad a la superficie, que condiciona que la energía sísmica llegue más o menos atenuada. También el tipo de terreno de la superficie es un factor que lo condiciona. En el caso del terremoto de Lorca, tanto la proximidad del hipocentro a la superficie como el tipo de terreno fueron factores adversos.

A diario se producen pequeños terremotos en fallas activas del sureste peninsular

El conocimiento actual permite saber en qué zonas del planeta van a darse terremotos importantes en el futuro, y son objeto de estudio por parte de equipos de investigación en sismología, paleosismología, tectónica y geofísica con el objeto de que el avance científico permita mejorar las expectativas de predicción o al menos de mitigación de daños en el futuro. Además, desde hace unos años investigadores de todo el mundo estudian y monitorizan las fallas y zonas sismogénicas mediante técnicas basadas en observación desde satélite y mediante sondeos en el propio subsuelo y en las propias fallas simogénicas.

La investigación sobre terremotos y sus causas entraña una gran dificultad dadas las limitaciones que impone el hecho de que los procesos ocurren a gran profundidad y lejos de nuestro alcance para observación directa. Por ello, las técnicas que se aplican en su estudio son sofisticadas y complejas y grandes proyectos de cooperación internacional como el Integrated Ocean Drilling Program o el International Continental Drilling Program concentran esfuerzos para abordar esta investigación en el ámbito de la colaboración científica internacional. El conocimiento avanza y las tecnologías mejoran, pero hay que seguir avanzando para conocer más estos procesos.