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Una sonda marina alertará a España de posibles tsunamis

El laboratorio sumergido en el golfo de Cádiz buscará el origen del maremoto que asoló Europa en 1755

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El 1 de noviembre de 1755, Lisboa quedó arrasada por uno de los peores tsunamis de la historia. Murieron 60.000 personas y los daños causados por las enormes olas se extendieron por las costas de España y Marruecos.

Hace dos días, un equipo español colocó el primer laboratorio submarino que será capaz de alertar de sismos como aquel y esclarecer su origen. Se trata de un proyecto europeo que alzará la voz de alarma hasta 20 minutos antes de que las olas lleguen a España, señala el investigador del CSIC Juanjo Dañobeitia, que dirigió el miércoles las tareas de colocación del ingenio.

'No creo que vaya a haber un terremoto en los próximos años, pero al menos ahora tenemos el control para detectarlo', explica. Es difícil que registre un temblor como el de Lisboa, pues ese tipo de fenómenos sólo se producen cada cada 2.000 años. Sin embargo, sí podrá rastrear el golfo de Cádiz en busca de la falla que provocó el tsunami.

El desastre lo originó un terremoto de unos 8,5 grados que comenzó sobre las nueve de la mañana. Ocasionó grandes olas que destruyeron la ciudad y mataron a miles de personas. En poblaciones españolas como Cádiz o Conil, el mar retrocedió cientos de metros y luego regresó con olas de hasta 10 metros que dejaron muchas bajas y daños materiales. El impacto llegó hasta Inglaterra, Finlandia y el Caribe.

'No hay duda de que este laboratorio nos va a ayudar a encontrar la falla', señala Dañobeitia. El origen del terremoto ha sido materia de especulación durante décadas. Se sitúa en una zona de riesgo sísmico en la que confluyen la placa euroasiática y la africana, a más de 100 kilómetros del cabo de San Vicente y en aguas del golfo de Cádiz. Allí está desde el miércoles el GEOSTAR, el primer laboratorio submarino de Europa que vigilará la zona a 3.200 metros de profundidad.

El enclave está surcado por cientos de fallas que podrían provocar un sismo, explica Dañobeitia. Las más peligrosas son las verticales, que pueden hacer que el mar se sacuda con enorme violencia, comenta. Entre estas está la que originó la catástrofe de Lisboa.

El GEOSTAR está dotado de varios instrumentos para medir diferencias de presión en el agua, movimientos de tierra y otros indicadores que pueden alertar de cambios sutiles. Interpreta los datos gracias a algoritmos específicos. Si el resultado indica la posibilidad de un tsunami, la información se envía en unos segundos a una boya que flota en la superficie y de ésta a agencias nacionales de protección civil y organismos como el Instituto Geográfico Nacional.

El laboratorio también medirá las corrientes e intercambios de agua entre el Atlántico y el Mediterráneo, lo que aportará importantes datos sobre la circulación oceánica y sus efectos en el clima. El CSIC y la Universidad Politécnica de Catalunya están desarrollando además otro sensor para seguir el paso de grandes cetáceos y otras especies por el estrecho de Gibraltar.

GEOSTAR es la primera pieza de una red europea con otras nueve estaciones. Ha costado 300.000 euros aportados por España, Italia, Francia, Portugal y Alemania. Estará operativo un año, lo que duran sus baterías de litio. Después se decidirá si es rentable conectarlo al continente con un cable por el que obtendrá energía y enviará la información. La decisión para seguir adelante con el proyecto dentro del programa de grandes infraestructuras científicas se tomará en marzo de 2010, concluye Dañobeitia.