Publicado: 15.11.2014 08:30 |Actualizado: 15.11.2014 08:30

¡Sosegaos, sosegaos, Monago!

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Tomás Martín Tamayo                                                                    
tomasmartintamayo@gmail.com                                                                    
Blog Cuentos del día a día

Se cuenta que en las audiencias mensuales que concedía Felipe II, algunos llegaron casi al infarto y tenían que ser atendidos en la antecámara real. Otros, la mayoría, después de meses de espera, eran incapaces de exponer al monarca los motivos que los habían llevado ante él. Eran tan frecuentes los atropellos en la exposición de sus demandas, que Felipe II no lograba entenderlos ni con la ayuda de traductores locales e intentaba tranquilizarlos, acompañándose con las manos con un “¡sosegaos, sosegaos!” que se hizo famoso. Falta nos hace a todos un poco de sosiego, que en el diccionario de sinónimos se dice que es calma, serenidad, tranquilidad, quietud, paz, placidez, reposo, relajación, moderación, silencio… El affaire viajero de Monago a Tenerife ha dejado al descubierto el atropello del protagonista que, pese a la treintena de asesores de tonterías y otros menesteres, no ha sido capaz de articular un discurso mínimamente coherente más allá del que le prestaban unas lágrimas que movían más a la conmiseración que a la comprensión.

Ayer mismo, el propio Monago, consciente de sus atropellos y meteduras de pierna presidencial, volvía a aparecer, esta vez con más envolturas que una alcachofa, para después de besarse durante veinte minutos, aclarar algo que nos hace sonreír incluso a los más ilusos: no fueron 32 los viajes que hizo a Tenerife, sino solo 16. Y punto, todo lo demás pienso para los crédulos y desprevenidos. Ahora, eso sí, da el nombre de un senador con el que al parecer se vio alguna vez, aunque los demás no sepan nada del trabajo que hacía el incansable viajero a favor de sus islas. Pues bueno, si antes solo teníamos la información de un medio, ahora tenemos una certificación oficial, firmada por el letrado mayor, que dice que Monago pasó al Senado 16 viajes o 32 vuelos. ¿Ego te absolvo?

¿Cuántas veces he escrito en mis columnas que la cohetería barata que le preparaban en la consejería de Ocurrencias, no tenía más eficacia que la de atronar los oídos del personal? Monago, lo repito una vez más, no tiene un gabinete de comunicación, sino un equipo de ocurrentes sin más capacidad que la de epatar al personal con juegos malabares, tragafuegos y trileros de mercadillos. Ese popurrí es el que nos ofreció ayer.  Más que un retén de bomberos, capaces de abordar un gran incendio, lo que tiene es un “rasputín” que lo atolondra con idioteces, rodeado de aprendices a los que ha dotado con pistolitas de agua, incapaces de apagar una cerilla.

Mentir bien no es fácil, aunque se tenga una consolidada experiencia y, para interpretar hace falta mucho ingenio y un buen guión. Aquí han fallado los dos pilares y lo que iba para tragedia, ha devenido en tragicomedia, porque si malo es el actor, peor es el libreto y aún peor el elenco de acompañantes. En algo que exige delicadeza y mesura ¿se le puede dar protagonismo a Manzano, pintoresco presidente de la Asamblea, empeñado en recitar su particular canto de Segismundo, “triste de él, mísero de él…”? ¿Se puede representar el papel de justiciero del oeste americano un día, el de contrito y confeso al siguiente y el de hombre de evidencias después? ¿Se puede vestir el esperpento desnudando al partido, al grupo del Senado, a los portavoces, a la secretaria general del PP y al presidente del Gobierno? ¿Es sensato arroparse en el manto de los privilegios clasistas, mientras otro, como el dimisionario diputado por Teruel, por los mismos motivos, pero con menos razones, es obligado al destierro? Y, con la que está cayendo dentro y fuera de Extremadura, ¿puede un responsable político escurrir el bulto porque sus vuelos pasen de 32 a 16? ¿Hasta 16 está bien?

Torpeza a la torpeza, se evidencia, una vez más, que algunos, en su soberbia y engreimiento, dan evidentes muestras de que consideran tontos a todos los demás. ¿Tenía salidas Monago para desmentir lo que se había afirmado? El digital hizo su trabajo, supongo que basándose en una información que ha resultado fiable, y que desde luego no está residenciada donde el viajero piensa, excepto en el número de kilómetros recorridos, pero Monago, emulando al gran Houdini, ha pretendido un escapismo a la desesperada, aunque no le voy a negar habilidad para desviar la atención y, al paso, convencer a los predispuestos. ¡Falta le hace una larga temporada en el rincón de pensar!