Diario Público
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Standstill coronan Joy Eslava

El grupo barcelonés regresa a Madrid por cuarta vez con su rock eufórico y ceremonioso para despedirse después de dos años de gira con 'Vivalaguerra'

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Standstill han alcanzado el éxito sin coger ni un solo atajo, mirando siempre hacia delante. El único punto en común entre sus discos es el afán por romper con el anterior.

Primero se deshicieron del hardcore. Luego decidieron cambiar el inglés por el castellano y en su último trabajo, Vivalaguerra, de los lazos con discográficas para abrazar la autoedición. El paso definitivo para alcanzar un objetivo artístico que tras su colaboración con el dramaturgo Rodrigo García viró completamente. Con él descubrieron los recursos escénicos con los que han construido uno de los directos más sólidos del rock nacional.

Ese rock aventurero y de alto voltaje con el que se entendió Camarón en los setenta o en los noventa Enrique Morente. De hecho el ritmo trotón de canciones como La vieja gibelina o Víctor San Juan invita a pensar en los cruces entre flamenco y electricidad rockera que ambos protagonizaron.

Música descarnada interpretada por un grupo que es un bloque infranqueable tanto en los momentos de furia como en los de decaimiento. Canciones con un lenguaje directo y familiar que arrastra al público a momentos de euforia colectiva. Estribillos que detrás de imágenes cotidianas amables esconden frustraciones y rabia. Armas que el grupo expone con una actitud que mezcla energía y franqueza. Era su cuarta vez en Madrid con este directo y sus seguidores, lejos de aburrirse, repiten y corren la voz: Joy Eslava es la sala más grande que han llenado en la capital.

El año pasado conmemoraron el décimo aniversario del grupo con un curioso documental protagonizado por sus madres. Con actuaciones como la del sábado sus progenitoras deberían estar más que orgullosas.