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El 'Suárez' tricolor

Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la Segunda República, católico y conservador, intentó arrastrar a la derecha hacia posiciones democráticas

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'El 7 de abril de 1936, dije que [...] la República constitucional, democrática, de Derecho, había caído conmigo'.

La frase figura en las memorias de Niceto Alcalá-Zamora (Priego de Córdoba, 1877; Buenos Aires, 1949) y evoca el negro presagio posterior a su destitución, aquel día 7, como presidente de la Segunda República Española. En efecto, los siguientes renglones de la historia 18 de julio, Guerra Civil, dictadura se escribieron al margen de la República, de la Constitución, de la democracia y de un derecho digno de tal nombre.

La historia de Alcalá-Zamora protagonista destacado de la película que hoy se entrega con Público es la del empeño republicano de un liberal forjado políticamente en la restauración monárquica. Ese afán fue 'centrar la República', según Julio Gil Pecharromán, autor de Niceto Alcalá-Zamora, un liberal en la encrucijada.

Aunque su conservadurismo lo hacía recelar del cariz reformista de la Constitución republicana de 1931 y lo enfrentó a  socialistas y azañistaspor su oposición a ciertas medidas anticlericales y a la reforma agraria, sus mayores energías las dedicó a neutralizar a la derecha reaccionaria y arrastrarla hacia posiciones democrática. Fracasó. Y fracasó, precisamente, donde Adolfo Suárez triunfó durante la Transición democrática.

Forjado políticamente en la restauración, fue dos veces ministro con Alfonso XIII

Existen paralelismos entre Alcalá-Zamora y el jefe de Gobierno clave de la Transición. Ambos provienen de regímenes anteriores. Ambos se ofrecen como opción centrista frente a los riesgos de involución y polarización. Ambos anteponen la creación de un marco institucional asumible por todos a su propia supervivencia electoral. Y los dos sufren el rápido deterioro político de quien acumula adversarios a izquierda y derecha.

'A Alcalá-Zamora hoy lo llamaríamos de centro. Era de derecha en la restauración, cuando la izquierda era débil. Pero al fortalecerse, surge una derecha antidemocrática, la CEDA, y pasa al centro. No porque evolucione, sino porque izquierda y derecha se extreman', explica Gil Pecharromán. Y añade: 'Su partido, Derecha Liberal Republicana, proponía un modelo parecido al de la UCD. Si hubiera tenido éxito, hubiese podido conducir a una lenta transición'. Pero cosechó pobres resultados en las elecciones de 1931, en contraste con la victoria de la UCD en 1977.

El grueso de su ideario liberal lo heredó de su familia, en una casa en Priego decorada con retratos de Espartero y Prim. Crece, debido a la temprana muerte de su madre, al cuidado de tías y primas. Y pronto se rebela como un formidable estudiante. A los 17 años se licencia en Derecho. Con 20 se marcha a Madrid e ingresa por oposición en el Consejo de Estado. Ahijado político de Romanones, ocupa escaño entre 1906 y 1923 y fue dos veces ministro con Alfonso XIII. Su trayectoria vira en 1923 con el golpe de Primo de Rivera, del que se convierte en feroz opositor, hasta el punto de presidir el comité revolucionario que lo derrocó.

Tras su jefatura del Gobierno provisional, Alcalá-Zamora jura el cargo de Presidente de la II República el 11 de noviembre de 1931. ¿Cómo llega hasta la más alta magistratura del Estado, tras su derrota electoral de ese año y la victoria de la conjunción republicano-socialista, un gobernante forjado en el caciquismo, incapaz de comprender la política de masas, católico de misa diaria?

La reacción del rey al golpe de Primo de Rivera precipitó su viraje republicano 

En Alcalá-Zamora y la agonía de la República, Ángel Alcalá Galve explica su ascenso por cuestiones de oportunidad política:

'Todos reconocían que sólo él tenía experiencia administrativa, el atractivo paradójico de haber sido por dos veces ministro de la Corona y haber tenido el coraje de denunciarla por su contubernio dictatorial [...] y un soberano prestigio profesional'.

Su catolicismo lo hacía viable para los tradicionales. Su sentido de la justicia social agradaba a los progresistas. El temor de Azaña su rival político más encarnizado y los socialistas a que fortaleciera la oposición acabó aupándolo a la jefatura del Estado.

Lejos de convertirse en una figura decorativa que esperaban sus adversarios, Alcalá-Zamora exprimió sus facultades presidenciales para intervenir cuanto pudo en los asuntos de Gobierno. Y así se ganó enemigos a izquierda y derecha, conteniendo iniciativas que consideraba excesivamente revolucionarias, por un lado, y vetando el acceso al poder al cedista reaccionario José María Gil Robles, por otro. El asedio a su Presidencia es constante.

La mayoría de izquierdas salida de las urnas en 1936 fuerza su destitución el 7 de abril con la excusa del excesivo retraso al disolver las Cortes. 238 diputados, de 243, votan a favor de su destitución. El 18 de julio se produjo la sublevación contra el Gobierno legítimo de la República Española. Y triunfó. Triunfó donde fracasó, en 1981, el golpe del 23-F, producido menos de un mes después de la dimisión de Adolfo Suárez. Por fortuna, los paralelismos siempre son relativos.