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¿Tapado o tapada?

Zapatero madura la inminente sustitución de Corbacho

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Una de las imágenes que las cámaras de televisión captaron ayer en primer plano fue la del ministro de Trabajo por pocas horas más, Celestino Corbacho, con Vicente Álvarez Areces, presidente del Principado de Asturias. ¿Un traspaso de cartera? No. Podía parecerlo, ya que Álvarez Areces, que no repetirá como cabeza de cartel en Asturias, ha figurado en algunas quinielas. Pero, dicen los que creen saber, que no será así.

Hay indicios, asimismo, de que una persona con los antecedentes y el bagaje político para ser ese ministro, Valeriano Gómez, ex secretario general de Empleo durante la etapa de Jesús Caldera al frente del ministerio, tampoco es el hombre que tiene en la cabeza Zapatero. En cambio, Mari Luz Rodríguez, actual consejera de Empleo, Igualdad y Juventud del Gobierno de Castilla-La Mancha que preside José María Barreda, que fue vocal asesora del Gabinete de Caldera, entre mayo de 2005 y julio de 2007, no es candidata a descartar.

Octavio Granado encaja en el perfil que busca el presidente encaja Ocat

¿Entonces quién será el sustituto o sustituta? Nadie parece saberlo. Pero en el perfil descrito por el presidente del Gobierno, a saber, un experto en políticas activas de fomento del empleo, encaja una persona a la que Zapatero profesa especial cariño. Se trata de Octavio Granado, secretario de Estado de Seguridad Social desde 2004 y miembro de la comisión ejecutiva del PSOE, donde ejerce de secretario federal de economía desde el último congreso, el número 37. Precisamente, fue Granado quien al terminar ese congreso, en la primera semana de julio de 2008, le dijo a Zapatero que le hiciera caso y que no siguiera negando la crisis.

Pero, más allá de lo que el presidente tiene en mente, Granado se siente muy cómodo en su cargo y tiene cierta fobia por el vértigo que supone la cartera ministerial. Con todo, esas preferencias personales dependerán del destino que le tenga reservado Zapatero. Si el presidente le quiere para el cargo, será una oferta que Granado difícilmente pueda rechazar.

Otra alternativa que ciertas fuentes han considerado como hipótesis de trabajo, nunca mejor dicho, es la de que Manuel Chaves una a su vicepresidencia tercera el puesto de ministro de Trabajo, manteniendo los flecos de las competencias territoriales que le quedan. Aquí también hay un lastre personal y es que Chaves ya ha sido ministro de Trabajo en el Gobierno de Felipe González. Y no parece querer volver al pasado.

Pero es muy posible que Zapatero tenga ya a su tapado o tapada. El presidente ha hecho múltiples relaciones durante el largo periodo de gestación de la reforma laboral. A mediados de junio pasado, por ejemplo, convocó al Palacio de la Moncloa a Jesús Cruz Villalón y a Fernando Valdés Dal-Re, catedráticos de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, miembros en su día de la comisión de seguimiento del diálogo social, para analizar el inminente decreto de reforma laboral.

Aunque en los requisitos del cargo se asume la necesidad de haber aquilatado buenas relaciones con los sindicatos, la verdad es que la tensión existente no se disipará con gestos de buena vecindad. Y no habrá marcha atrás en las medidas ya adoptadas; todo lo más una promesa de negociar la reforma ya comprometida de las pensiones.

Si Zapatero, como ha hicho, se limita a sustituir a Corbacho, no seguirá el guión de abril de 2006, cuando aprovechó la salida de Pepe Bono para hacer una remodelación general del Gobierno. Pero si opta por otra alternativa, la de nombrar a Ramón Jáuregui, por ejemplo, confirmaría que el nuevo guión contemplaría una sustitución antes de las elecciones catalanas y un cambio más amplio después con nombres muy fogueados.