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Tenía un don: sabía escucharte

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La noticia me la comunicó mi entrenador, Manolo Jiménez, en Palermo. Fue un tremendo shock, no podía creérmelo y mi cuerpo se derrumbó por completo. No tengo palabras para describir mi estado físico y mental. Hace menos de un mes fue compañero mío, lo tuve a mi lado jugando en cada partido y no soy consciente aún de que todo esto sea verdad. Creo estar en una pesadilla.

Me entendía con él muy bien en el terreno de juego. La verdad es que no era difícil, porque era un líder y buenísimo compañero. Dani era muy amigo de sus amigos, que eran muchos. Era una persona que te ofrecía mucha confianza en el día a día. Un jugador de fútbol ejemplar tanto dentro como fuera del campo.

Con él se podía hablar de muchas cosas de la vida. Siempre se le veía como una persona que se preocupaba por los demás. Tenía un don muy bonito: sabía escucharte. Una grandísima persona. Su muerte es una pérdida de esas que duelen muchísimo. Tardaremos en poder levantar la cabeza, porque la relación con él era casi como con un familiar más.

Dani siempre te aportaba tranquilidad y paz, se ha ido un gran hombre. Viví muchísimos momentos buenos con él y tantas anécdotas que hacen que su pérdida sea un drama para mí, para sus compañeros de equipo y para todos los que tuvieron la suerte de conocerlo bien. Él no te ofrecía vivir momentos malos, tenía bondad, era muy alegre y la sonrisa nunca la borraba de su cara.

De hecho, llegó a ser capitán porque lo merecía y porque ha trabajado muchos años, siempre con la máxima dedicación por los colores del Espanyol. Se nos ha ido un profesional. Tenía todas las papeletas para colocarse el brazalete, era un icono en todo su círculo de amigos. Es por eso que, vuelvo a repetir, nos costará olvidar esta desgracia. Ha sido un palo para el fútbol y para el ser humano.

* Sergio Sánchez, ex jugador del Espanyol, ahora en el Sevilla