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El terror brasileño de Mojica Marins saca las uñas en la Mostra

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José Mojica Marins, maestro de la serie B brasileña, regresa después de cuarenta años con su personaje estrella, Zé do Caixão, que, con sus uñas de diez centímetros, hizo correr hoy la sangre en Venecia por los cauces de la sección fuera de concurso en "Encarnação do Demônio".

Con setenta y dos años, el director y actor de la película no encuentra inconveniente en volver por sus fueros y, con la excusa de buscar un heredero de su aristocrático satanismo, despliega una orgía de mujeres desnudas, genitales devorados y nalgas descuartizadas.

"He dado todo mi ser. He puesto torturas, insectos... No hay ordenadores, trabajamos con 3.000 escarabajos. Todo lo que comprende el horror está en esta película", explicó hoy en rueda de prensa en Venecia un pletórico Mojica Marins.

La serie B colindando con el "gore" es, en efecto, la oferta de Mojica Marins, pero los avances tecnológicos con los que no contaba en "À Meia-Noite Levarei Sua Alma" (1964) y "Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver" (1967) resplandecen ahora en el tardío broche a la trilogía.

"Debíamos al público la mejor puesta en escena, la mejor música, la mejor iluminación, poner todos los recursos a sus pies", subrayó.

Zé do Caixão se convirtió con los dos primeros filmes en un personaje sumamente popular, con el tiempo se convirtió en icono salvaje de lo kitsch y ahora, en su retorno, ofrece más de lo mismo pero conviviendo con una producción más holgada que la hace más realista dentro de su fantasía sangrienta.

Pero para llegar hasta esta tercera parte, Mojica Marins ha tardado más de treinta años en poder rodarla, ha vivido la muerte de dos productores que apostaron por ella, ha adaptado hasta ocho veces el guión -incluida una aproximación pornográfica- y, finalmente, la "Encarnação do Demônio" se ha materializado ya en el siglo XXI.

"Pensábamos que, efectivamente, la película tendría lugar en nuestra próxima encarnación", bromeó el director, que, con su incontinencia verbal, sólo dejó tiempo para una pregunta en su encuentro con la prensa.

El resultado del filme: un éxito en sus parámetros. "En Brasil ha producido pesadillas, la gente vomitaba en el cine. Ha creado el impacto que queríamos, dejar alucinado al público y ahora a ver cómo lo acepta el resto del mundo", proclamaba Mojica Marins.

Además, proclama la película como su obra maestra y, en tono mesiánico, la califica como "la Biblia del horror de América Latina".

"El mundo está lleno de violencia. Los padres abusan de sus niños. Esto es, de nuevo, Sodoma y Gomorra", explicó.

Por sus pasajes pasan una corte de esbirros con tendencias entre sadomasoquistas y "heavy metal", su amigo jorobado Bruno y un corrupto cuerpo de policía de Sao Paulo.

Finalmente, el personal apocalipsis tiene lugar en su propia referencia original: la casa de los horrores de un parque de atracciones donde el protagonista culminará su procreación, no sin antes pasar por escenas oníricas en el purgatorio o secuencias eróticas sumamente sangrientas.