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TESTIGO - El Muro parecía más alto que los Alpes

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Peter Jebautzke, que creció en Alemania Oriental, trabajó para Reuters durante 12 años como especialista del campo de tecnologías de información. A continuación describe su primer viaje a Berlín Occidental a sus 24 años.

Por Peter Jebautzke

Siempre había soñado con escalar los Alpes, pero lamentablemente el Muro de Berlín estaba en el camino.

En noviembre de 1989 yo tenía 24 años y trabajaba como aprendiz en el ferrocarril de Alemania Oriental, después de estudiar cibernética y tecnologías de la información. Amaba los ordenadores y esperaba poder ser dueño de uno algún día, un raro privilegio en Alemania Oriental.

Ese otoño, el aire en Alemania Oriental estaba lleno de esperanza, cambio y agitación, pero también de temor, porque no sabíamos si habría una represión violenta ante los pequeños pasos de reforma.

Junto a millones de otras personas observé el 9 de noviembre la conferencia de prensa de Guenter Schabowski en vivo por la televisión, cuando pronunció aquellas palabras proféticas: "Reisefreiheit" (libertad para viajar) y "unverzueglich" (efectiva inmediatamente).

Fue el momento con el que todos habíamos estado soñando. Fui al cruce fronterizo Oberbaumbruecke, que lleva al distrito de Kreuzberg, en Berlín Occidental: hasta ahora estaba a un mundo de distancia, pese a que sólo se ubicaba unas pocas manzanas al sur.

Yo estaba en una muchedumbre de personas y sostenía mi pasaporte para mostrarlo a guardias fronterizos de Alemania Oriental, mientras todos pasábamos por la frontera.

Ellos ni siquiera lo miraron. Era simplemente increíble. Sólo unas pocas horas antes podría haber recibido un disparo por intentar hacer esto y ahora estaba siendo arrastrado por una avalancha de personas y a los guardias parecía no importarles.

No podía creer que simplemente hubiese cruzado a Berlín Occidental.

Al otro lado a primera vista todo parecía igual, excepto que las cajas de alarmas contra incendio estaban pintadas de forma distinta. Pero claramente era un mundo completamente distinto.

No podía creer que todo hubiera ocurrido tan rápido y estaba un poco abrumado. Fui a la primera estación subterránea que vi, Schlesisches Tor, y tomé un tren hacia el centro de Berlín Occidental.

En todos los lugares a los que iba, la gente me compraba bebidas y comida. Berlín Occidental se había convertido en una fiesta gigantesca.

Recordando, no estoy seguro cómo todos sabían que yo era de Alemania Oriental. Pero supongo que lo que me delató fue la mirada permanente de sobrecogimiento o mi chaqueta de cuero falso de Alemania Oriental.

Luego empecé a preocuparme por volver a casa. ¿Qué pasaría si habían cerrado el Muro atrás de mí?

Ni siquiera le había dicho a mi familia que saldría a echar un vistazo. Había una larga fila de personas en el cruce fronterizo al lado oriental y temía que pudieran decir: "Usted no puede volver, usted ha sido expulsado".

Sin embargo, logré regresar y llevar a amigos incrédulos durante algunos días siguientes.

La caída del Muro fue lo mejor que me ha pasado. De pronto, todas las cosas con las que había soñado eran posibles. Trabajo todo el día y la noche con ordenadores, he viajado todo lo posible y he estado en Estados Unidos al menos 10 veces: escalando montañas en Utah, California, Washington y Oregon.

Y sí, finalmente logré escalar los Alpes.