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"The Visitor", el cine que pasa (casi) inadvertido en los Óscar

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Pese a la pleitesía de los Óscar a la industria, los académicos han reivindicado, con discreción en los últimos años y con una sola candidatura en el apartado de interpretación principal, filmes tan importantes como "Eastern Promises", "Breaking the Waves" o, ahora, "The Visitor".

Richard Jenkins, secundario de lujo en cine y televisión, ha visto compensado uno de sus pocos papeles protagonistas con una nominación al Óscar que muy pocos esperaban.

Con ella, "The Visitor" entró sigilosamente en el mercado de alfombras rojas y trajes de diseño con un presupuesto mínimo y un lenguaje sencillo pero difícil, de los que requiere una lectura atenta y profunda.

Situaciones como éstas rompen una lanza a favor de la vilipendiada Academia, siempre acusada de poner los ojos en lo comercial, pero que sabe descubrir, aunque decida no premiar, el mejor cine al margen de Hollywood.

Pero es ése el precioso empujón que hace que una película como "The Visitor", ajena a todo tipo de planteamiento rentable, se pueda estrenar en España sólo tres semanas después de la entrega de los Óscar.

Esta película es un retrato amargo de la sociedad cosmopolita. De sus barreras políticas y emocionales. De los riesgos que corren los que las desafían e intentan saltárselas.

Pero, desde que los Óscar abrieron definitivamente sus brazos al cine independiente en 1996, es un hecho que muchos de los títulos más rompedores, interesantes o delicados del cine, sí tuvieron su cabida, aunque mínima, en el circo mediático de estos premios.

No tienen nada que ver con ese cine independiente que ha acabado "diseñándose" para cubrir la cuota "indie" de los Óscar, sino con títulos con menos concesiones con los cánones establecidos.

Ese mismo año, por encima del aluvión de nominaciones para "Fargo", de los hermanos Coen, y "Secrets and Lies", de Mike Leigh, aspiraba a su primer Óscar Emily Watson por "Breaking the Waves", ejemplo de esa impúdica manera de retratar el dolor que ha hecho célebre al danés Lars Von Trier.

Un gran clásico del cine reciente, "The Straight Story" (1999), de David Lynch, sólo optó al Óscar el mejor actor, para el impagable Richard Farnsworth en el papel del hombre que, a bordo de una pequeña cosechadora, afronta una entrañable odisea para reunirse con su hermano.

Sin miras al recorrido comercial y apostando por la belleza de la pausa, David Lynch -que también vio cómo otra de sus obras maestras, "Mulholland Drive", sólo optaba al Óscar al mejor director- creó un título imprescindible.

También Viggo Mortensen fue el único que entró en la terna de nominados por "Eastern Promises" (2007), de David Cronenbergh, un exquisito cruce entre la sordidez del crimen organizado y la tragedia shakespeariana con una atmósfera violenta y magistral.

Más cerca de la protesta desencantada de "The Visitor", "Half Nelson" (2006) hizo finalista al joven Ryan Gosling, uno de los mejores actores de su generación, que interpretaba al descorazonador antihéroe actual. El que hizo todo bien, fue fiel a sus ideales y, precisamente por ello, acabó en siendo un perdedor.

Por otra parte, cuando la guerra de Irak fue "descalificada" en los Óscar de 2007, sólo un hombre, Tommy Lee Jones, defendió en solitario "In the Valley of Elah", una de las aproximaciones más aplaudidas del conflicto durante la administración de George W. Bush.

Ese mismo año, también era finalista la frágil interpretación del antaño épico Peter O'Toole en "Venus", una película que extraía la belleza a los impulsos sexuales y amorosos de un anciano hacia una adolescente.

Dos títulos muy influyentes en el público juvenil llamaron la atención de la Academia. El primero de ellos fue "American History X" (1998), el retrato de la radicalización ideológica en la juventud en el rostro de Edward Norton, en la que fue su segunda candidatura al Óscar.

Para Ellen Burstyn, en cambio, era la sexta, tras veinte años sin concurrir en estos premios, por "Requiem for a Dream" (2000), que elevó a Darren Aronofsky a ídolo del adolescente inquieto con su alegato contra las drogas.

Finalmente, el cine latino también ha entrado a veces por esta puerta con dos de sus títulos más relevantes: Catalina Sandino Moreno fue la sorpresa de su año al convertirse en finalista por la desgarradora y naturalista "María Full of Grace" (2004).

Además, Penélope Cruz obtuvo su primera candidatura por su primer papel protagonista con Pedro Almodóvar: la inolvidable Raimunda de "Volver" (2006).

Por Mateo Sancho Cardiel