Publicado: 18.11.2013 08:30 |Actualizado: 18.11.2013 08:30

ThyssenKrupp se lleva de Valencia a Alemania una fábrica rentable que operaba desde 1992

A pesar de la protesta sindical y ciudadana, la multinacional anunció el cierre definitivo en junio. El ERE obliga a parte de la plantilla a abandonar España para mantener su trabajo, a un plan de prejubilación o al paro.

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Justificar el cierre de una empresa es más fácil cuando hay pérdidas. En cambio, si sus trabajadores conocen la rentabilidad de ésta, aparece el inconformismo.

Y eso fue lo que apareció para 165 empleados de la fábrica de acero galvanizado TK Galmed, situada en Sagunto y en manos de la potente multinacional alemana ThyssenKrupp cuando les fue anunciada la noticia del cierre definitivo el pasado 7 de junio y el traslado de la fábrica a territorio alemán. A pesar de la movilización de un pueblo que lucha por el empleo, de la protesta contra el cierre de una fábrica rentable y de la inquietud creciente de los sindicatos ante un posible monopolio del acero por parte de Alemania, las puertas de Galmed se cerraron para no volver a abrirse.

Muchos de sus trabajadores, 74 en concreto, ya se han visto forzados a emigrar a Alemania, donde les ofrecen un empleo en factorías de allí, con el mismo salario como mínimo que tenían en España. A otros les espera una anunciada prejubilación o la cola del paro. Este varapalo no sólo afecta a los empleados de TK Galmed, también a cerca de mil puestos indirectos de sectores que se servían de la planta.

"El cierre ha sido un jarro de agua fría. Trasladar tu vida a Alemania es romper con todo lo que has hecho hasta ahora y supone que todos los proyectos de futuro que teníamos cambien". Así lo expresaba Miguel Ángel Olivares, trabajador de TK Galmed, delegado de CCOO y secretario del comité de empresa. Él es uno de los que tiene decidida su marcha a Alemania. Allí le espera una vida diferente aunque asegura que "hubiera aceptado cualquier alternativa al traslado".

A pesar de ser una fábrica con beneficios y una de las más modernas de Europa en el sector del acero galvanizado, no ha podido librarse de su cierre definitivo. Muchos se preguntan cuáles son los verdaderos motivos que han impulsado a la empresa alemana ThyssenKrupp a poner punto y final a su actividad.

Una de las hipótesis más barajadas es la posible intención de concentrar la producción en Alemania para conseguir ser el pulmón del acero, convirtiendo al resto de países del entorno en dependientes directos. La segunda hipótesis responde a la pretensión de crear un monopolio entre Thyssen y ArcelorMittal -la mayor productora de acero a nivel mundial- en el cual se dividirían Europa en dos sectores, ahorrándose así problemas de competencia entre las dos empresas con mayor peso en el territorio europeo. Además el cierre supone retirar parte de la producción de acero del mercado, que probablemente hará aumentar los precios y un aumento de sobrecostes en sectores estrechamente vinculados como el del automóvil, los electrodomésticos o la construcción.

"No extrañaría que los precios del acero galvanizado subieran, porque tendrán el control" "El coste del traslado de TK Galmed de España a Alemania incrementa entre un 20% y un 25% de logística más, pero aún así Thyssen ha asumido ese sobrecoste y ha garantizado a las empresas a las que suministran en España que el precio que tienen actualmente se mantendrá", explica Begoña Cortijo, secretaria general de CCOO en la comarca del Camp de Morvedre, de la que Sagunto es capital, y una de las principales voces que han clamado contra el cierrre de la planta saguntina. "Pero ¿por cuánto tiempo?", se pregunta la sindicalista.

Por su parte, Alberto Alijarde, presidente del Comité de Empresa de TK Galmed, también pone en duda que se vayan a mantener los precios. "La empresa nos trasladó que estos sobrecostes adicionales de logística los asumirían, pero no me extrañaría que los precios del acero galvanizado subieran porque tendrán el control". Según Begoña Cortijo, si finalmente se concreta el monopolio del acero, Thyssen y ArcelorMittal tendrían "muchísimo poder y podrían desestabilizar el mercado", ya que subirían los precios del material a su antojo, situación que inquieta a CCOO.

Por esta misma razón los representantes sindicales de la planta acudieron a la oficina técnica de la Competencia de la UE, dependiente del comisario europeo Joaquín Almunia, donde los sindicalistas recordaron que fue esta misma institución europea la que obligó hace diez años a Arcelor a desprenderse de la factoría del Puerto de Sagunto y venderla a ThyssenKrupp, precisamente por tener demasiado poder en sus manos. "En Europa nos dijeron que parecía que sí respondía a un intento de reparto de la producción de acero y que la comisión de la competencia tendría que estar enterada, pero que lo teníamos que demostrar, algo bastante complicado. Desde CCOO no sólo peleamos por los 165 trabajadores, está en juego el futuro de la industria", concluye Cortijo.

Antes de acudir a Bruselas, los trabajadores de TK Galmed llevaron su lucha hasta las Cortes Valencianas. Allí se aprobó una declaración institucional de todos los grupos parlamentarios contra el cierre, pasando más tarde por el Congreso de los Diputados, donde se reunieron con todas las formaciones. Según Alberto Alijarde, "nunca nos imaginamos que íbamos a llegar hasta Europa, aunque en este tiempo he echado en falta mayor implicación del Ministro de Industria, José Manuel Soria".

Y es que, a pesar de las insistencias del Comité de Empresa, el Gobierno central nunca llegó a recibirles. Sí lo consiguieron por parte del conseller de Industria, Máximo Buch, aunque la respuesta del Gobierno fue delegar toda la responsabilidad a la Generalitat Valenciana, reduciendo así el conflicto en una lucha únicamente local cuando en realidad responde a un problema nacional o incluso europeo.

"No sólo peleamos por 165 empleados , está en juego el futuro de la industria"  Por su parte, Buch se comprometió a buscar inversores que se hiciesen cargo de la factoría, a lo que ThyssenKrupp se negó tras meses sondeando una respuesta a la venta. Incluso se llegó a hacer público el nombre de un comprador, un grupo de inversión llamado Santángel, participado por el Instituto Valenciano de Finanzas (IVF) que, según el Conseller, estuvo negociando un mes con la multinacional alemana, aunque finalmente no se produjo ningún acuerdo. Desde la Conselleria también trasladaron a la dirección de TK Galmed la posibilidad de reducir su actividad sin tener que cerrarla, aunque también rechazaron esta oferta.

Otras soluciones que se barajaron para lograr la continuidad de la actividad en la planta, aunque testimoniales, fueron la nacionalización de la factoría por parte del Estado o de la Generalitat. Propuesta por el diputado de la Izquierda Plural en el Congreso, Ricardo Sixto y respaldada también por el PCE, ERC y la formación local saguntina Iniciativa Porteña. Asimismo el diputado socialista José Luis Abalós, abogó por promover un plan de reindustrialización de la comarca del Camp de Morvedre ante el éxodo industrial.

A partir de ahora, operarios, ingenieros y un equipo de administrativos que, recolocados por la empresa, ofrecerán su tiempo y conocimientos en su nuevo puesto de trabajo en Alemania. Mientras, el edificio de la fábrica TK Galmed se suma al cementerio industrial que rodea al municipio saguntino. Aunque para otros, como Alberto Alijarde, aún existen posibilidades de que el cierre definitivo no se produzca. "Me niego a creer que esto es el final de TK Galmed. La empresa está ahí y mientras no esté desmantelada hay esperanza de que vuelva la actividad".