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¿Por qué los tiburones atacan a los humanos? ¿Qué especies pueblan nuestras aguas?

Algunos grandes escualos pueden atacarnos porque nos confunden con sus presas naturales

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Los tiburones son unos grandes desconocidos que pueblan los mares y océanos que explotamos. De hecho, seguimos descubriendo y describiendo especies hasta ahora desconocidas pertenecientes a este diverso grupo, llegando a alrededor de unas 500 descritas. A quienes trabajamos estudiando tiburones es frecuente que la gente nos pregunte si los tiburones atacan o pueden atacar a los seres humanos. El miedo a los escualos es un fenómeno bastante extendido, gracias al impacto social que acompaña a este tipo de sucesos y su magnificación debida a películas o libros de ficción. Según las estadísticas, la población humana no deja de aumentar, a la par que las probabilidades de encuentro entre personas y tiburones. Aún así, los ataques de tiburones son extremadamente poco probables (una media de apenas 60 ataques anualmente registrados de los que sólo cuatro resultan mortales, un impacto mínimo si lo comparamos con otras estadísticas).

Es evidente que cuando nos encontramos con un animal salvaje, y más si es un depredador, un ataque cabe dentro de lo posible. Este comportamiento puede ser promovido por diferentes circunstancias. En el caso de grandes carnívoros, nuestro grado de parentesco con sus presas es muy evidente, por lo que un ataque a humanos por motivos alimenticios es posible, aunque poco probable. Sorprendentemente, los carnívoros no son necesariamente los que provocan más muertes. Por ejemplo, en África se sitúa claramente a la cabeza el hipopótamo, que es herbívoro. Esto nos indica que debemos tener en cuenta otras variables que afectan al comportamiento agresivo.

Centrémonos ahora en el caso concreto de los tiburones. Entre sus presas naturales encontramos desde mamíferos marinos y tortugas hasta pequeños invertebrados o incluso plancton, pasando por peces de todos los tamaños. Por tanto, parece claro que no somos sus presas naturales. Algunos escualos que alcanzan tamaños considerables pueden alimentarse de grandes presas que en determinadas circunstancias pueden asemejarse a nosotros. En estas situaciones cabe la posibilidad de un ataque por motivos alimenticios. Cuando esto sucede, tras probar la presa, el escualo tiende a rechazarla. Cada año, un limitado número de personas son atacadas por tiburones, aunque no suelen ser mortales, posiblemente debido a estas desafortunadas confusiones con sus presas naturales.

Otra posible causa de los ataques de los escualos es la territorialidad. Es decir, el hecho de invadir inconscientemente la zona de seguridad de un tiburón puede hacer que este se sienta intimidado o atacado. En estos casos, lo normal es que el ataque sea precedido por señales corporales patentes, como pueden ser el posicionamiento de las aletas pectorales, rodeos agresivos o movimientos rápidos. Hablamos entonces de una actitud claramente de defensa.

Desde hace unos años se ha puesto de moda el atraer a estos animales mediante alimento (pescado, vísceras, aceite), lo que se llama shark-feeding. Esto puede excitar a los escualos, que en algún momento de máxima actividad pueden sentirse confusos y morder algo más de lo que les corresponde en el banquete. Actualmente se bucea todos los días en muchos lugares del mundo con especies potencialmente peligrosas como el tiburón blanco, el tiburón tigre, el jaquetón oceánico o el tiburón toro, sin ningún tipo de protección y sin producirse accidentes. Nuestras costas albergan multitud de especies y ni siquiera nos damos cuenta de su presencia. Son frecuentes cerca de nuestras playas las pintarrojas, pequeños tiburones de fondo totalmente inofensivos que pueden observarse en inmersiones de recreo. También los cazones están presentes en nuestros fondos. Las rayas, estrechamente emparentadas con los tiburones, son muy frecuentes. Cuando nos alejamos del litoral podemos encontrar otros de mayor envergadura como tintoreras, marrajos azules o tiburones zorro.

Los tiburones son capturados en todo el mundo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza evalúa las poblaciones para actualizar sus listas rojas de especies en peligro. Como ejemplo, en 2008 se capturaron unas 60.000 toneladas de tintoreras y marrajos sólo en el Atlántico.