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Los Tigres Tamiles deponen las armas tras 26 años de guerra

La guerrilla deja de luchar en Sri Lanka para salvar a sus civiles, tras 3.000 muertos y 25.000 heridos

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Los Tigres Tamiles reconocieron ayer la derrota tras 26 años de guerra civil en Sri Lanka. Rodeados por el Ejército ceilandés desde el día anterior en una lengua de tierra de menos de dos kilómetros cuadrados y tras haber declarado el presidente del país, Mahinda Rajapakse, la victoria, la guerrilla tamil ha reconocido que 'esta batalla ha llegado a su amargo final'.

'Es necesario salvar la vida de nuestra gente. Conscientes de ello hemos anunciado al mundo nuestra posición de silenciar las armas para salvar a los nuestros', señala el jefe de relaciones internacionales de la guerrilla de los Tigres de Liberación de la Patria Tamil (LTTE), Selvarasa Pathmanathan. en la página web afín Tamilnet.

Pero los Tigres, que llevan 30 años luchando por un estado tamil en el noreste de Sri Lanka independiente de la mayoría cingalesa, han resistido con decenas de miles de civiles tamiles utilizados como escudos humanos en el cada vez más pequeño reducto en el distrito de Mullaitivu hasta verse completamente rodeados.

El Ejército ceilandés, por su parte, no ha parado de bombardear con artillería pesada la franja costera donde se defendían los rebeldes junto con la población tamil durante las últimas semanas creando el 'baño de sangre' denunciado por la ONU en su supuesta 'operación de rescate'.

Pathmanathan también denunció en la web que en las últimas 24 horas 3.000 civiles tamiles habían fallecido y otros 25.000 estaban heridos de gravedad sin acceso a cuidados médicos. El Ejército ceilandés no reconoce estas víctimas; al contrario, asegura haber 'liberado' a las 50.000 personas que continuaban retenidas en la llamada zona segura. Los medios de comunicación y observadores independientes no tienen acceso a la zona de guerra, de manera que es imposible verificar ninguna de estas afirmaciones.

Los últimos miembros de la guerrilla tamil cercados por el Ejército seguían llevando a cabo ataques suicidas conforme las tropas se acercaban en las últimas explosiones de violencia de la guerra civil más larga de Asia. 'Estamos llevando a cabo las operaciones de reconocimiento', señaló el portavoz del Ejército Udaya Nanayakkara.

El destino de Vellupillai Prabharkaran, el líder de la guerrilla que inventó el atentado suicida, continúa siendo desconocido. El llamado Gran Tigre podría seguir atrapado en territorio rebelde, haber huido o haberse tragado la cápsula de cianuro que siempre lleva colgada al cuello. Fuentes militares creen que podría haber muerto, aunque todavía no se ha encontrado su cadáver.

'En los puestos callejeros ya han comenzado a ondear las banderas', afirma una fuente humanitaria en Colombo. Los cingaleses se apresuran a celebrar una victoria que Rajapaksa quiere anunciar de forma oficial el próximo martes en una rueda de prensa en el Parlamento.

'Ahora el mayor problema reside en los campos de desplazados. Se ha construido en Vavuniya una ciudad de 250.000 personas en un lugar que sólo tiene capacidad para acoger a la mitad. Hay graves problemas sanitarios, de agua y de espacio', explica otro cooperante que prefiere mantenerse en el anonimato.

'Se desconoce el tiempo que van a permanecer allí los civiles tamiles, mientras los registran buscando posibles guerrilleros en un proceso conocido como screening, en el que es común la tortura. No me extrañaría que más adelante pudieran estallar allí problemas', continúa el trabajador humanitario. Se refiere a los tamiles que se hacinan en los también llamados campos de detención porque la libertad de movimientos está restringida.

El nacimiento de la guerrilla de los Tigres de Liberación de la Patria Tamil se remonta al año 1983, pero el origen del conflicto que se ha cobrado la vida de 70.000 personas se retrotrae a 1948, cuando se consiguió la independencia del imperio británico. Entonces, los derechos de la minoría tamil hindú, más educada y que hasta ese momento ocupaba los cargos en la administración colonial, fueron reprimidos por la mayoría cingalesa budista.