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El tío Oscar quiere atraer más espectadores con el humor de Jon Stewart

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Clásicos como Frank Capra, James Stewart y Fred Astaire, o comediantes como Whoopi Goldberg o Billy Crystal entre otros, han hecho de presentadores de la gala de los Óscar, una misión a cargo de Jon Stewart, que repite tras la edición de 2006.

Es evidente que al tío Óscar le gustan los payasos. Bob Hope, quien durante décadas fue el cómico estadounidense por excelencia, hizo de maestro de ceremonias -solo o acompañado- un total de 18 veces.

Danny Kaye, Jack Benny, Jerry Lewis, Jack Lemmon, Carol Burnett, Richard Pryor y Chevy Chase, algunos de los cómicos más ilustres de sus tiempos también fueron seleccionados por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para participar como presentadores en la gran fiesta de la industria del cine estadounidense.

Entre medio se han colado nombres más "serios" como Frank Sinatra, Fred Astaire, Jane Fonda o John Houston. Pero desde el inicio de los años 1990 hasta hoy, el serio Óscar no ha podido resistirse a los atractivos de una buena carcajada.

Desde que Billy Cristal se hizo cargo de su primera ceremonia de entrega de estatuillas en 1990, todos los maestros de ceremonias han sido cómicos. Desde Whoopi Goldberg, hasta Ellen DeGeneres, pasando por el irreverente Chris Rock y el histriónico Steve Martin.

Pero no es sólo que a la Academia y a la cadena ABC -que tiene los derechos de emisión de la ceremonia en Estados Unidos-, les guste rodearse de risas. Es también, o sobre todo en estos días, una cuestión de audiencia.

Según las cifras proporcionadas por la empresa Nielsen, todos los años desde el 2001 los Óscar han mantenido prácticamente el mismo nivel de telespectadores pegados al televisor, unos 42 millones de personas.

El año pasado fueron 41 millones. En el 2004, 43 millones, el punto más alto del periodo. En el 2003, 33 millones, la cifra menor de las ceremonias del siglo XXI.

En el 2005 la Academia sorprendió a propios y extraños con la elección de Rock como maestro de ceremonias.

El humor cáustico, lleno de palabrotas y cargado de tintes raciales del cómico afroamericano no se ajustaba realmente al perfil del evento, repleto de vestidos largos, esmoquin y joyas en el Teatro Kodak -escenario de la ceremonia- y de familias de clase media al otro lado de la pantalla.

La elección de Rock estaba destinada a atraer más audiencia a la estancada emisión de los Óscar. Telespectadores afroamericanos y jóvenes.

Con Jon Stewart, que repite al frente de la ceremonia tras su aparición en la 78 edición del 2006, los organizadores vuelven a querer insuflar un aire más juvenil.

Stewart, a través de su programa de televisión "The Daily Show" que se emite de lunes a jueves y en el que parodia los telediarios en Estados Unidos, ha amasado en los últimos años un significante número de seguidores, incondicionales, entre las generaciones más jóvenes del país.

Stewart y el también cómico Steve Colbert, autor del programa "The Colbert Report", se han convertido en una especie de Pepito Grillo capaces de decir lo que las grandes cadenas de televisión no se atreven a expresar, lo que ha conectado con los jóvenes estadounidenses.

En la ceremonia del 2006, Stewart claudicó gran parte de su humor ácido que le ha hecho una celebridad. Dos años después, Stewart tiene la oportunidad de encontrarse a sí mismo. Y para ello dispondrá de forma inesperada de una de sus mejores armas, la improvisación.

El conflicto entre estudios y guionistas, que estuvieron en huelga hasta la semana pasada, ha dejado al productor de la ceremonia, Gil Gates, y a Stewart con sólo una semana para montar la fiesta de Hollywood.