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Tosar se convierte en el preso del año

'Celda 211', un thriller carcelario con lectura política

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Es curioso. Dos de las mejores películas vistas este año suceden entre los muros de una prisión. La francesa Un profeta, de Jacques Audiard, y desde España, Celda 211, de Daniel Monzón, un thriller carcelario con brochazos de cine político. Sobrio y redondo, el filme plantea un viaje sin retorno que mantiene al espectador pegado a la butaca durante 110 minutos, para darle a descubrir, en el trayecto, a uno de los personajes del año: Malamadre, interpretado por un soberbio Luis Tosar. 'Seguro que ahora no paran de ofrecerme papeles de preso, siempre me pasa igual', contaba ayer, resignado, al recordar lo sucedido después de Te doy mis ojos y Miami Vice.

El director, por su lado, estaba ayer que saltaba de alegría. Al estilo Monzón, claro: discreto, pero entusiasta y verborraico. Su cuarta película llega a España mañana después de haber arrancado aplausos de Venecia a Toronto. Ayer reconoció que con Celda 211 ha emprendido 'un ejercicio de ascetismo', dada la inclinación barroca de sus anteriores La caja Kovak (2005) y El corazón del guerrero (2000).

Monzón sabía que tenía entre las manos una película elemental: 36 horas, un espacio cerrado (la cárcel) y dos personajes centrales, que 'son como Sancho y Quijote, dos personas que realizan un viaje inverso: uno (Juan Oliver, interpretado por el debutante Alberto Ammann) se envilece y endurece. El otro (Malamadre, encarnado por Tosar) va mostrando su humanidad y su integridad', cuenta Monzón.

Acompañados de una ristra de secundarios de lujo Antonio Resines, Carlos Bardem, Marta Etura y Vicente Romero, entre otros, el filme es una parábola de lo que hay fuera de los muros de la prisión. Como le dijo un preso a Monzón durante el trabajo de investigación: 'La cárcel es un reflejo de la realidad en mp3: condensado y sintético'.

Basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul ('un texto rico y apasionante', dijo el director), la película cuenta la historia de Juan Oliver, un funcionario de prisiones que en su primer día en la cárcel se ve inmerso en una revuelta, que sólo le deja una salida: hacerse pasar por preso para sobrevivir.

La película es, para Monzón, 'una tragedia clásica': muestra a un personaje feliz aplastado por la rueda de la fortuna. Pero también un ejemplo de 'política-ficción', como dijo Monzón, donde aparece ETA usada más como McGuffin que como pieza principal de la trama, un hecho insólito en el cine español. A Monzón le sirve para hablar de los abusos de poder y de la manipulación política sin hacer discursos ni denuncia.

Pero esta es, sobre todo, la historia de una amistad atípica y una película de personajes, con uno que pronto se convertirá en un clásico: Malamadre. Luis Tosar lo consigue a través de un físico imponente, una interpretación sobria, un sentido del humor que, dice, fue lo que más le atrajo del personaje, y un acento ronco y peculiar que copió de un amigo y que estuvo preparando durante meses.

A Tosar le da igual que sea un thriller: 'Esta película habla sobre la condición humana y lo que le ocurre cuando tiene que reaccionar en circunstancias extremas'. Lo que no da igual es que este sea el papel que le puede colocar muy cerca de su tercer Goya, aunque Tosar sólo se ría y se encoja de hombros.