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Toti Martínez de Lezea asegura que la novela histórica está de moda desde hace 2.500 años

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La escritora vasca Toti Martínez de Lezea ha aprovechado la reciente publicación de su última obra, "La flor de la Argoma", ambientada en las guerras carlistas, para defender la plena vigencia de la novela histórica, "de moda desde hace 2.500 años".

Durante la presentación del libro en Madrid, Martínez de Lezea ha arremetido contra aquellos que catalogan de "subgénero" la novela histórica: "que se lo digan a Tolstoi o Delibes", ha sentenciado la escritora alavesa, que se ha mostrado "encantada de trabajar en un subgénero con esos nombres".

"La flor de la Argoma" muestra el gusto de su autora por este "subgénero", al enmarcarse en un lugar "real", el valle de Araotz, en Oñati, en una época "real", la de las guerras carlistas "de vascos contra vascos", y revestida de una historia también muy creíble y frecuente, como son los desencuentros entre dos hermanos.

La novela describe cómo los hermanos Urrondo, al quedar huérfanos, son enviados con los jesuitas de Lozoya hasta que la expulsión de la Reina de España, Isabel II, acarrea el cierre de las casas religiosas, lo que les obliga a regresar a su caserío del valle de Araotz, en el que se ven envueltos en los enfrentamientos entre carlistas y liberales.

En el libro, según su autora, "se da leña a todos" por igual, a liberales, a carlistas y a la Iglesia, representados en la historia por cuatro hermanos, dos de los cuales mantienen un serio enfrentamiento no tanto por una cuestión ideológica como por la herendad y el amor de la misma mujer.

Para elaborar el germen de la trama, Martínez de Lezea necesitó documentarse mucho sobre las guerras carlistas, un tema que nunca había tratado, y especialmente sobre los fueros vascos, que inicialmente permitían a los padres nombrar herederos.

El resultado, en su opinión, es una novela "interesante y bien hecha", que se diferencia de las 22 anteriores -realizadas a lo largo de una década- en una mayor preponderancia de la prosa sobre el diálogo, y con la que espera convencer a sus "lectores fieles" y llamar la atención de los "curiosos".

Para una escritora que aprendió a escribir leyendo y cuyas novelas, ironiza, no lee nunca su esposo con el argumento de que "sólo lee cosas serias", la Biblia es "una gran novela histórica", un género -dice- por el que en España "nunca se ha tenido mucho apego".

En las suyas, Toti Martínez de Lezea suele plantear hipótesis "que no tienen por qué estar de acuerdo con la versión oficial", como sucede en "La flor de la Argoma", en la que -en su opinión- las guerras carlistas se producen por "unos intereses creados" en los que los fueros vascos "les importaban un pito" y lo único que les interesaba era la Corona y el poder.

La escritora traza un paralelismo de esta historia, ocurrida a mediados del XIX, con los desencuentros que se dan actualmente en la sociedad vasca, en la que -dice- "siempre estamos en la riña, siendo tan pequeños".

"La gente discute sobre política con vehemencia en los bares e incluso puede llegar a las manos cuando la realidad es que no hay nada que hacer; las cosas cambian poco a poco y las cambia quien tiene el poder y puede hacerlo", asegura esta escritora que se declara "siempre en la oposición" ante el convencimiento de que la obligación de un pueblo con sus administradores es "ser siempre crítico".