Público
Público

Treinta minutos en casi 3 horas

Largas colas y atascos forman parte del paisaje de la capital tras la huelga de trabajadores de Metro que ha obligado a cerrar todas las estaciones

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Un trayecto de escasos 30 minutos a través de la Línea 1 de Metro de Madrid, puede convertirse en una auténtica odisea cuando los trabajadores del transporte público subterráneo de la capital deciden convocar un paro general de 24 horas. Ni una sola estación abierta, ni un solo tren funcionando. 

Un redactor de Público.es ha viajado desde Tribunal, en el centro de Madrid, hasta la última estación de la primera línea de Metro, Pinar de Chamartín, donde se encuentra la redacción del diario Público. Son las 7.30 de la mañana. La vía más rápida para llegar es tomar un taxi que nos deje en la puerta. Todos los que pasan por los bulevares están ocupados y son muchos los que esperan en las aceras con desesperación a que aparezca la milagrosa luz verde.

Esperar a un taxi es inútil, buscar el servicio alternativo de autobuses, también

'No hay ni un puto taxi', grita un hombre a través del móvil. Al fondo, otra persona no espera a un taxi, tiene mejor suerte, le vienen a buscar. Tras media hora aguardando, un coche le recoge. Ni siquiera los que tienen la fortuna de ir en vehículo propio se pueden librar del caos circulatorio que se vive en la ciudad en estas horas. Como toda gran urbe, Madrid sufre a primera hora de la mañana problemas de tráfico en las vías más céntricas. Hoy martes, casi todas las calles sufren embotellamientos. 

Tras 45 minutos esperando inútilmente, decidimos tomar un autobús que nos acerque a nuestro destino. Son las 8.30 cuando nos acercamos a preguntar a un operario de seguridad de Metro, que hace guardia a la puerta de la estación de Tribunal, en la calle Fuencarral. Cuando le preguntamos por el servicio alternativo de autobuses niega con la cabeza. 'Lo mejor es que cojas el 149, que te deja en Plaza de Castilla y allí preguntas'. Después, se gira para seguir ayudando a un hombre extranjero de origen asiático que quiere ir a Legazpi. 

El 149 se encuentra parado en la dársena, aguardando a que la cola, que ya es grande, aumente de tamaño. Son las 8.35 cuando subimos al autobús. El hombre asiático entra desesperado preguntando por cómo ir a su destino. 'A Gran Vía', le responde otro pasajero. Mala suerte. Arrancamos camino del norte de la capital. 

Decenas de personas hacen cola en los principales intercambiadores

A los diez minutos el autobús sigue recorriendo la calle Fuencarral, camino de Quevedo. En el iPod suena irónicamente una canción que repite constantemente la palabra fly (vuela). El autobús está lleno de gente cuando entramos en la calle Santa Engracia. Una mujer explica por el móvil que ha desayunado fuerte porque no sabía 'cuándo iba a poder hacerlo'.

Son más de las nueve cuando nos acercamos a la Glorieta de Cuatro Caminos, un punto de la ciudad donde confluyen varias arterias importantes, como la calle Raimundo Fernández Villaverde, a donde se dirige el autobús. El caos se ha instalado también aquí, donde decenas de personas esperan de pie o sentadas en las aceras a su medio de transporte. Las colas son eternas. 

Media hora después, el 149 consigue llegar a Plaza de Castilla, donde se observa la dimensión de la huelga. Cientos de personas usan diariamente su intercambiador, punto clave para la circulación del norte de Madrid. Allí preguntamos por la mejor manera para llegar a Pinar de Chamartín. 'El único que te vale es el 129, el la última dársena', nos responde un operario. Sin noticias aún de un servicio alternativo de autobús para la Línea 1. El de la Línea 10, sin embargo, registra la cola más grande del intercambiador.

'¡Mira!', grita una mujer con acento cubano dentro del 129, '¡toda esa gente es de la diez!', agrega mientras observa una cola que ocupa medio intercambiador. Son las 9.40 cuando parte el autobús camino de nuestra última parada. En el trayecto, durante uno de los atascos, vemos desde la altura de nuestro vehículo un coche de cuya palanca de cambios cuelga una señal de peligro que advierte: 'Dad, don't run' (Papá, no corras). Hoy no es el día para preocuparse por eso. 

Media hora después, el 149 se acerca a la estación de Pinar de Chamartín. Curiosamente, en esta zona del norte de Madrid se nota menos el caos que se vive en el centro. De hecho, se ven hasta cuatro taxis libres. Demasiado tarde. Son más de las diez de la mañana y han pasado casi tres horas desde que comenzamos nuestro camino.