Publicado: 20.02.2014 07:33 |Actualizado: 20.02.2014 07:33

En el tren de las vanguardias

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La vanguardia andaluza taconea con brío en busca de focos, esos que tradicionalmente alumbran escenarios habituales como Barcelona o Madrid. De la recuperación del "tsunami figurativo" propuesto por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo a la reapertura de galerías míticas como Cavecanem, pasando por punteros festivales en busca de jóvenes creadores como es el Zemos98, la escena andaluza rezuma inquietud y urgencia. Más allá del siempre sugerente flamenco y sus interminables variantes, el Sur ofrece al curioso todo un abanico de propuestas.

La periferia pide paso. La progresiva descentralización de los lugares de producción de la cultura y la omnipresente crisis han estimulado una escena que siempre estuvo latente pero que ahora renace fruto de las ansias de autonomía y de autenticidad. Y es en este nuevo mapa cultural donde Andalucía reivindica su centralidad, su protagonismo como generadora de nuevas ideas. A fin de cuentas lo que importa en el proyecto cultural es la idea, y de eso el Sur anda sobrado.

En el terreno plástico, destaca Todas las revoluciones están hechas (1), una retrospectiva que busca reunir lo más granado de una generación de artistas que entre 1985 y 1990 situaron a Andalucía, y especialmente a Sevilla, en el epicentro creador del país. La muestra reúne un total de 110 obras y, en palabras de Juan Ignacio Tovar, comisario de la exposición, trata de "abrir de par en par las puertas del museo para que entren aires nuevos, para que sea invadido por las nuevas corrientes, por lo que realmente pasa en la ciudad, para hacerse eco y apoyar la obra de los artistas que trabajan y que viven en ella. Que sea un lugar de encuentro con el arte vivo".

Andalucía reivindica su centralidad, su protagonismo como generadora de nuevas ideas

Obras de Rafael Agredano, José María Baez, Patricio Cabrera, Ricardo Cadenas o Luis Claramunt componen esta exposición que pretende dar testimonio de ese torbellino creador de mediados de los 80 que dejó en Sevilla un legado que aún colea englobado bajo el epígrafe de "nueva figuración", movimiento surgido como respuesta a la generación anterior de pintores sevillanos, inmersos en un clima abstracto.  Contaminación artística, eclecticismo y un internacionalismo que no reniega del folclore autóctono podrían ser las guías maestras de esa "nueva figuración" que puede revisitarse estos días en el CAAC de Sevilla.

Siguiendo con el arte contemporáneo, la reapertura de la galería Cavecanem es sin duda una gran noticia por su capacidad de aglutinar a la mejor cantera de artistas de la comunidad. El espacio, que funcionó entre 1992 y 2007 en la capital hispalense, reabre ahora con La doble velocidad del dragón (2), de la fotógrafa Laura León (Sevilla, 1976), una de las reporteras gráficas más internacionales de nuestro país. La obra de León, curtida en el fotoperiodismo, combina la realidad más cruda de las calles de Uzbekistán, India o Senegal y la más cercana, aquella que transcurre en su Sevilla natal.

"Estas series que estoy exponiendo me permiten quitarme el corsé del reporterismo gráfico y trabajar en lo que siempre he hecho pero con menos reglas, supongo que necesito fugas que no encuentro en el periodismo". Admiradora de la obra del fotógrafo sevillano Atín Aya, las imágenes de Laura León funden sus ansias de denuncia social con una mirada que escruta las tradiciones de una ciudad milenaria.

Los nuevos talentos andaluces buscan nuevas respuestas sin desdeñar la autenticidad

Tradición y modernidad, una constante en los nuevos talentos andaluces, todos ellos obcecados en la búsqueda de nuevas respuestas sin desdeñar la autenticidad. Es el caso, por ejemplo, del cocinero afincado en Cádiz Ángel León (3), el chef del mar como ya se le conoce, capaz, entre otras cosas, de convertir la bioluminiscencia marina en algo comestible, logro que puso patas arriba la última edición de Madrid Fusión. Pero que la luz abisal de su último invento no nos ciegue. Este cocinero no prescinde de la tierra en sus experimentos culinarios; más bien al contrario, la reinventa. "Soy andaluz, me he criado en Andalucía, con sus tradiciones culinarias, tengo estas bases en mis raíces como cocinero... estoy ligado a mi tierra, me abastezco de sus materias primas, de las especies de sus mares... también considero que tengo muchos matices en mi cocina que provienen de esa Andalucía de enfrente que es Marruecos y de la mezcla de culturas que ha habido en nuestra tierra a través de los siglos", explica este chef considerado por The New York Times uno de los diez mejores cocineros del mundo.

Desde su centro de operaciones, la cocina del Aponiente, León explora a través de sus platos en la memoria gustativa de sus comensales para evocar el mar, la bajada de la marea, las rocas... "Busco ir un paso más allá, la evolución de la cocina tradicional, el sorprender al cliente sin perder un ápice de sabor y de verdad..."

Una búsqueda en la que no está solo. Le acompaña toda una generación de jóvenes con voluntad de innovar. "Veo ganas en la escena cultural andaluza, menos complejos, gente joven que se deja la piel por llevar su tierra por bandera". Y en esas andan los organizadores del Zemos98 (4), un festival que va ya por su 15ª edición y que ha conseguido traspasar fronteras con una apuesta que tiene por objeto poner de relieve "el valor del audiovisual como creación de conocimiento y el uso de las herramientas digitales para propiciar espacios de reflexión y discusión". El resultado es un festival que cada año reporta lo último en cultura underground a través de sus múltiples debates, proyecciones y performances.

El mundo de las letras no se queda atrás. Ciudades como Granada, Córdoba, Sevilla o Málaga son un hervidero de recitales, revistas, circuitos estables de lectura... El cosmopolitismo y la renovación formal quizá sean las claves de una generación de autores jóvenes entre los que destacan los poetas Fernando Valverde (Granada, 1980), Alberto Carpio (Sevilla, 1980) y Javier Vela (Huelva, 1981), este último con prestigiosos galardones en su haber como el Adonáis o el Loewe.

Según Vela, el influjo de Andalucía en sus versos tiene que ver más con el fondo que con la forma. "Ciertas ciudades andaluzas llevan inscrita una huella de signo lírico en su mismo trazado. Sus calles adoquinadas y laberínticas, su anatomía fluvial en unos casos y marítima en otros invita al visitante a pasear, a caminar despacio de modo antojadizo, saliéndose del tiempo progresivo para ingresar en otro, un tiempo subjetivo, exento, vertical. Como andaluz, yo habito en ese tiempo".