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Tres dedos contra Nadal

Serbia se aferra a Djokovic, el embajador de su nacionalismo

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Tres dedos al aire: pulgar, índice y corazón. En el gesto, se resume la identidad de Serbia y ese nuevo sentimiento nacionalista que apareció con la desintegración de Yugoslavia. 'Es la manera que tenemos de decir soy serbio', explican desde la embajada de este país balcánico en España. La santa triada, conocida así por ser un antiguo símbolo religioso de los cristianos ortodoxos, aparece a diario en la rutina del cuarteto serbio de Copa Davis en Benidorm. 'Es la manera que tenemos de recordarnos que tenemos que ganar por nuestro país, por Serbia', explican desde el equipo balcánico.

Desde que los tres dedos sobresalieron de la mano de Djokovic para celebrar su triunfo en el Abierto de Australia de 2008, política y tenis empezaron a establecer sinergias en un país en el que el fútbol no tiene peso internacional y el baloncesto la verdadera religión para los serbios campa ahora por el submundo.

Sentimientos nacionalistas

Djokovic, que nació en Yugoslavia, creció en Serbia y Montenegro, se mueve por el mundo con pasaporte serbio y nunca ha ocultado sus férreas convicciones nacionalistas. 'Kosovo es Serbia y seguirá siendo Serbia', aseguró tras la declaración de independencia de este trozo de la antigua Yugoslavia.

Su padre, su tío y la mayoría de su familia paterna nació y vivió en Kosovo durante 30 años. 'No puedo imaginar la cantidad de iglesias, monumentos y sitios históricos que hay allí y he visitado tantas veces siendo de otro país', defendía en febrero del pasado año.

El conflicto con Kosovo aumentó el compromiso político de Djokovic. Ante su ausencia a una marcha de protesta en Belgrado, a la que asistieron el ex jugador de baloncesto Dejan Bodiroga o el cineasta Emir Kusturica, Djokovic apareció en una gran pantalla, situada en la plaza del Ayuntamiento, para proclamar, mediante vídeoconferencia, que 'es uno de los momentos más difíciles de la historia de Serbia'.

Los manifestantes apoyaron esa proclama en el mismo lugar en que días antes le habían homenajeado por su primer Grand Slam.

En las convicciones nacionalistas de Nole, nunca hubo dudas. Ni siquiera cuando la escasez de dinero público, que estuvo a punto de cortar su progresión, pudo convertirle en ciudadano británico.

La Federación Inglesa, ante la ausencia de talentos, le ofreció todos los recursos necesarios para convertirse en número uno a cambio de que toda su familia optara por el pasaporte británico. La negativa enloqueció a un país que le perdona su residencia, por cuestiones fiscales, en Mónaco, y su amistad con el croata Ivan Ljubicic, su mentor en el circuito masculino.

Un líder de masas

Su mera presencia moviliza a la comunidad serbia allí donde juega. 'Hemos recibido muchas peticiones de compatriotas para informarse de cómo pueden conseguir una entrada para la eliminatoria contra España', explican desde el organismo diplomático.

En el pasado Abierto de Australia, su partido ante el bosnio con pasaporte norteamericano Amer Delic recrudeció el enfrentamiento entre aficionados serbios y bosnios con lanzamientos de sillas en las gradas.

'Esto no es un asunto político. Ha sido una pelea entre el público que las autoridades del torneo tendrían que haber cortado', reclamaba Djokovic, al que le gusta escuchar anécdotas de la historia de Montenegro de boca de Nenad Zimonjic, el número uno serbio en el doble.

De esta convivencia pacífica de sentimientos, se aprovechó Serbia para ganar su eliminatoria, en 2007, por la permanencia en el grupo mundial de la Davis ante Australia o ante Rusia, en primera ronda, la pasada temporada.

En Benidorm, Bogdan Obradovic, el capitán serbio, condiciona su concurso en el doble a los resultados de los individuales del viernes, en los que Djokovic espera exhibir sus tres dedos de la victoria.