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Las tres queridas

Las dudas del mercado sobre España

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Cuando se elogia mucho en estos tiempos a Brasil, hay que tocar madera. Hay un maleficio según el cual cuando un país se convierte en una darling (querida en inglés) de los mercados le llega hora en que las campanas doblen por él. Es lo que pasó con la Argentina de los años noventa. Y es lo que ha ocurrido con Irlanda, ahora en quiebra, y con España, que ha dejado de crear durante el boom inmobiliario la mayor parte de los empleos de la eurozona a ser el más grande depredador de ello. Y como las otras dos naciones, España llegó a ser la querida de los mercados. De querida a malquerida.

Cada vez más, el pasado se metamorfosea en el presente. La actual crisis en la eurozona remite a la de los años noventa, cuando tras la subida de tipos de interés del Bundesbank alemán, la economía europea entró en recesión. En septiembre de 1992, la libra esterlina y la lira italiana abandonan el Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo, con bandas de fluctuación, arriba o debajo de la paridad central, del 2,25%.

La crisis de ahora remite a la de los noventa, cuando la peseta se devaluó

Pero ante la persistencia de los movimientos de capitales contra la incipiente unión monetaria, sobreviene la hábil decisión de ampliar el margen de fluctuación al 15% para todas las monedas con la excepción del marco alemán y el florín holandés, que mantienen el 2,25%. Entonces, la peseta tuvo que ser devaluada en tres ocasiones entre 1992 y 1993.

Lo que evoca esta situación histórica ha sido, precisamente, las declaraciones del presidente del Bundesbank y miembro del consejo del BCE, Axel Weber, en París y Berlín, según las cuales el euro será defendido contra los movimientos especulativos. Weber ha señalado que si hace falta, el Fondo de Estabilización creado el pasado mes de mayo junto con el FMI, puede ser aumentado por encima de los 750.000 millones de euros.

Los expertos creen que fue un error demorar la ayuda a Grecia

Los comentarios de Weber estaban dirigidos sin duda a calmar la presión de los inversores en bonos portugueses y españoles, los dos países que ha sido señalados como objetivos después de Irlanda. Tras sus palabras, el mercado ha comenzado a preguntase si el presidente del Bundesbank, en realidad, no estaba dando, como quien no quiere la cosa, información de lo que va ocurrir próximamente. Y todos los indicios apuntan a ello.

Paul De Grauwe, de la Universidad de Lovaina (Bélgica), que asesora al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, ha advertido a título personal, desde diciembre pasado, que la eurozona y el BCE no debieron dilatar su apoyo a Grecia y que la cláusula de 'no salvamento' del Tratado de Maastricht en ningún caso podía ser utilizada para justificar la pasividad inicial que promovía en su momento el Gobierno alemán, más pendiente de las elecciones regionales en Renania del Norte Westfalia que de la crisis.

Ahora, De Grauwe sostiene que sería un error estratégico aprobar un mecanismo de default (impago), como propone el que Alemania. En cambio, insiste en una idea planteada por él con anterioridad, a saber, la creación de un Fondo Monetario Europeo cuyo cometido sería el de garantizar la liquidez mientras tienen lugar los ajustes económicos, lo cual dejaría fuera de combate a las presiones especulativas de los mercados. Si fuese necesario en cierto momento, se podría pasar a una fase de reestructuración de deuda, pero sin la pistola de los mercados apretando la sien.